Cartas

Tan conectados, tan distantes

Ninguna tecnología sustituye la cercanía, la empatía y el contacto entre personas

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Estaba en una clase de idiomas cuando escuché llorar a una persona en el pasillo. Dudé entre quedarme en el aula o salir a ofrecerle ayuda. Finalmente, decidí acercarme. Al preguntarle qué necesitaba, me respondió que solo quería un abrazo. No entró en explicaciones y yo tampoco las pedí. Solo le di el abrazo.

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Lectores de La Nación

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Inquietudes sobre servicios públicos, atención al cliente y opiniones sobre la realidad nacional.