Durante muchos años, he mantenido un historial impecable con mi tarjeta de crédito, primero en Scotiabank y ahora en Davibank. Año tras año, he cumplido con mis obligaciones mensuales y cancelado la totalidad de mis consumos, sin atrasos.
Cuando solicité una ampliación de mi límite de crédito, mi petición fue rechazada varias veces. Se me indicó verbalmente que el principal obstáculo era mi edad. Cuando pedí que la explicación se me entregara por escrito, se negaron a hacerlo.
Me pregunto, entonces, qué peso tiene realmente la responsabilidad financiera demostrada durante décadas si, al final, prevalecen otros criterios.
No discuto la evaluación bancaria de los riesgos. Sí considero legítimo exigir una explicación clara y transparente. Para disuadirme, se me indicó que, para aumentar mi límite a $7.000, debía constituir un certificado de depósito por más de $10.000.
Hoy vivimos más años y muchas personas mayores seguimos siendo económicamente activas, solventes y responsables.
Vale la pena debatir si la edad, por sí sola, debe limitar las oportunidades financieras de quienes han demostrado durante años ser excelentes clientes.
Guillermo Pérez Merayo, San José
Edificio del ICE
En relación con el tema de la demolición del edificio del ICE, si el motivo es la seguridad sísmica, bastaría con reducir la masa inercial de la edificación, eliminando toda o parte de la mampostería de concreto y otros elementos masivos no estructurales.
Las paredes podrían sustituirse por sistemas de muro seco, cuyo peso es una quinta parte del de las paredes de bloques de concreto.
Recordemos que las fuerzas y los esfuerzos de reacción y respuesta de una edificación ante un sismo son directamente proporcionales a su masa: F = ma.
Esta línea de readecuación estructural va en dirección contraria al reforzamiento, ya que este aumenta la cantidad de concreto y acero para resistir los esfuerzos cortantes.
Herbert E. Contreras Vásquez, M. Sc. en Ingeniería Ambiental
Sesgo antiexportador
En Costa Rica, hace poco más de 50 años, se comentaba reiteradamente acerca del sesgo antiexportador, que comprendía un grupo de variables que incrementaban los costos de las mercancías exportadas, hacían menos competitivo a nuestro país y limitaban la atracción de inversiones. Entre ellas figuraban las barreras arancelarias, las tasas de interés y el estado de la infraestructura portuaria, aeroportuaria y vial.
Hoy, después de una serie de reformas legales, incentivos tributarios, una reducción significativa de las tasas de interés con respecto a los años 70 y avances educativos, la economía ha crecido, han llegado nuevas inversiones y se exporta más.
Sin embargo, medio siglo después, parece resurgir el sesgo antiexportador, principalmente por la apreciación de nuestra moneda respecto al dólar, las limitaciones de la infraestructura portuaria y vial, el incremento de los aranceles para exportar a Estados Unidos y la calidad de la educación.
Ante esos nuevos obstáculos, hay que elevar la rentabilidad de las empresas y definir estrategias para impulsar cambios estructurales lo antes posible y, con ello, lograr una mayor competitividad del sector exportador.
José Luis León Barquero, Tibás
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