Cartas

No era solo un perro: era parte de mi vida

Durante casi 13 años compartieron rutinas, miradas y una forma de amor difícil de explicar

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La casa nunca había estado más limpia y a la vez tan desprovista de alma. Escribo estas líneas a una semana de su muerte. Estoy en el punto en que puedo pensar en Lulú sin derrumbarme. Su partida la esperaba y aun así resultó sorpresiva.

No fue un perro de patio, tampoco fue una mascota. Había evolucionado al grado de familia. Claro está: yo no era su madre, ni ella mi hija. Pero, al cruzarse nuestras miradas, emanaba un aura de amor incondicional. Habíamos construido una vida juntas, llevábamos casi 13 años de pertenecernos y teníamos una feliz rutina.

Ahora toca volver a empezar en su ausencia. Escribió Joan Didion que, si queremos seguir vivos, llega un momento en que debemos dejar ir a los muertos.

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