En mayo del año pasado publiqué una carta a la columna sobre el servicio en la sucursal del Banco Nacional en San Antonio de Belén. En estos días, tuve que realizar una diligencia personal y me encontré con una situación que califico de deprimente para los usuarios de esta oficina.
Una fila de personas soportando un sol abrasador, adultos mayores esperando que el guarda se digne mirarnos. Ya adentro, hay aire acondicionado para quienes tuvimos la suerte de ser mirados con misericordia, aunque no por nuestra condición de adultos mayores.
En plataforma, de cinco ventanillas, solo una estaba habilitada; en cajas, de seis o siete, solo tres estaban atendiendo. La poca cantidad de sillas colocadas me recordó la atención durante la pandemia.
Desconozco si esto obedece a alguna directriz del Ministerio de Salud o de la CNE que no permite que los usuarios esperen su turno con comodidad dentro del banco. Si así fuera, lo mínimo esperable sería que la totalidad de las ventanillas de plataforma y cajas estuvieran atendiendo para hacer menos sofocante la espera en la acera.
Señores del BNCR, tengan piedad de los usuarios: somos la razón de su existencia. La atención en la sucursal de Belén es caótica e inhumana.
William Murillo Montero, La Asunción de Belén, Heredia
¿Qué legado dejaremos?
Costa Rica ha sido, durante generaciones, un ejemplo de democracia, institucionalidad y búsqueda del bienestar común. Nuestros antepasados construyeron un país basado en principios que trascendían las diferencias políticas, como el fortalecimiento de la educación, la protección social, el acceso a la salud y la convicción de que el diálogo era el camino para resolver los conflictos.
Hoy, sin embargo, observamos cómo el debate de las ideas cede espacio a la confrontación, la descalificación y el insulto. Mientras tanto, temas fundamentales como la educación, el bienestar de la niñez, el respeto a las personas adultas mayores y el fortalecimiento de las instituciones sociales pierden protagonismo frente a disputas políticas interminables.
La democracia implica escuchar, debatir y construir soluciones comunes desde el respeto. Gobernar significa representar a toda la ciudadanía, no solo a quienes comparten una determinada visión. Nadie es dueño absoluto de la verdad y quienes hoy ejercen el poder serán juzgados mañana por las generaciones futuras.
Por eso debemos preguntarnos qué legado queremos dejar: uno marcado por la división y la desconfianza o uno basado en el respeto, el diálogo y la responsabilidad. Costa Rica merece recuperar la capacidad de discrepar sin destruir y de construir a pesar de las diferencias. Esa ha sido una de nuestras mayores fortalezas.
Ligia Molina González, Alajuela centro
Nuestra niñez
En el recién terminado mes de setiembre, además de celebrar a la patria, también celebramos a la niñez costarricense. Mis redes sociales estuvieron cargadas de lindos recuerdos de antaño. Pero mi mayor descubrimiento en Internet fue que el PANI promovió la celebración del Día del Niño y la Niña para recordar la importancia de proteger los derechos humanos de la niñez y valorar su rol en la sociedad.
Sin embargo, ¿realmente se están protegiendo hoy los derechos de la niñez? ¿Cómo es esto posible si se recorta el presupuesto destinado a la educación y a los centros de cuido, y si la gente no confía en el PANI?
La niñez resiste todos los días. Debemos luchar por todo aquello que beneficie su desarrollo integral y su felicidad a lo largo de su vida.
Vicky Huezo Madrigal, Montes de Oca
Esto no es gobernar
En una clase de Filosofía Política discutíamos cómo el poder decide qué problemas merecen atención. Pensé en Costa Rica: mientras la inseguridad, el crimen organizado y el bienestar social exigen respuestas serias, nuestra política parece haberse convertido en espectáculo, con burlas, ocurrencias y frases para provocar.
Lo ocurrido con Rodrigo Chaves en Cartago es un ejemplo. Ante un ciudadano que cuestionó los controles de ingreso, respondió con un “lero, lero” y una burla.
Gobernar implica rendir cuentas y hablarle a la ciudadanía con seriedad, no asumir que el pueblo necesita chistes o burlas en lugar de respuestas claras y un enfoque orientado a las soluciones.
Iliana Jiménez Hidalgo, Agua Caliente, Cartago
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