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Fallas de accesibilidad y cortesía en local de McDonald’s

La señora fue por su orden, pero le costaba caminar. Ningún empleado se ofreció a ayudarla, por lo que yo le llevé la bandeja

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El martes 20 de octubre, acompañé a mi abuelo a una cita en Cartago. Pasamos a almorzar al McDonald’s que queda cerca del Mercado Central. Había una señora con una discapacidad que le hacía difícil moverse. Ella pasó un poco antes que nosotros y fue atendida por un joven que, después de desempeñarse como cajero, pasó a llamar las órdenes.

Cuando nos entregaron la nuestra, nos sentamos relativamente cerca de la caja. Oí que el muchacho llamó a la señora, pero ella no respondía. Fui por unas servilletas y, de paso, le avisé que su orden estaba lista. Ella respondió que no había oído que la llamaran. Fue por su orden, pero le costaba caminar. Ningún empleado se ofreció a ayudarla, por lo que yo le llevé la bandeja.

Aquí veo dos fallas del restaurante en cuanto a accesibilidad. La primera es que las órdenes se anuncian únicamente a gritos, sin mostrarse en una pantalla. La segunda es que los empleados no tienen la cortesía de ofrecer ayuda a los clientes que la necesitan.

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