El martes 20 de octubre, acompañé a mi abuelo a una cita en Cartago. Pasamos a almorzar al McDonald’s que queda cerca del Mercado Central. Había una señora con una discapacidad que le hacía difícil moverse. Ella pasó un poco antes que nosotros y fue atendida por un joven que, después de desempeñarse como cajero, pasó a llamar las órdenes.
Cuando nos entregaron la nuestra, nos sentamos relativamente cerca de la caja. Oí que el muchacho llamó a la señora, pero ella no respondía. Fui por unas servilletas y, de paso, le avisé que su orden estaba lista. Ella respondió que no había oído que la llamaran. Fue por su orden, pero le costaba caminar. Ningún empleado se ofreció a ayudarla, por lo que yo le llevé la bandeja.
Aquí veo dos fallas del restaurante en cuanto a accesibilidad. La primera es que las órdenes se anuncian únicamente a gritos, sin mostrarse en una pantalla. La segunda es que los empleados no tienen la cortesía de ofrecer ayuda a los clientes que la necesitan.
Jimena María Gómez Obando, San Juan de la Unión
Control humano sobre la IA
Observo con asombro y preocupación el ritmo acelerado con el que la inteligencia artificial (IA) se integra en nuestra vida cotidiana. Si bien reconocemos los extraordinarios aportes de esta tecnología en la medicina, la ciencia y la productividad, también debemos encender las alarmas ante los riesgos inherentes de una innovación que parece avanzar sin frenos.
El verdadero peligro no radica solo en el mal uso que los ciberdelincuentes puedan dar a estas herramientas, sino en la autonomía que les estamos otorgando. Cuando dejamos que sistemas informáticos tomen decisiones, resuelvan problemas de manera independiente y actúen a velocidades que superan la capacidad de supervisión humana, cruzamos una línea delicada. La tecnología, por más avanzada que sea, carece de ética, discernimiento y sentido común.
No se trata de oponerse al progreso ni de caer en el alarmismo, sino de exigir responsabilidad. La innovación tecnológica debe ir de la mano de regulaciones claras, marcos éticos estrictos y, sobre todo, un control humano permanente.
La ciencia y la tecnología deben estar siempre al servicio de la humanidad y del bien común, y nunca al revés. El desarrollo no puede ser una carrera a ciegas donde el entusiasmo por el futuro nos haga olvidar la prudencia del presente.
María del Mar Burbano, Guanacaste
Un hospital de primera
Hace unos días fui operada en el Hospital del Trauma. La calidad humana del personal es impresionante. La atención a los pacientes es de primer nivel y el profesionalismo de los médicos, incomparable. Gracias al INS por mantener esta joya al servicio de la ciudadanía.
Margarita Jenkins Coronas, San José
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