Deben prohibir la presencia de bebés en los estadios
He visto en televisión cómo levantan y bajan a un bebé cuando su equipo anota un gol, madres que los amamantan mientras la gente salta y grita, y coches con bebés hasta altas horas de la noche
Insto a las entidades encargadas de velar por el bienestar de los niños a que prohíban la asistencia de bebés a estadios, conciertos y ferias con aglomeraciones y mucho ruido. Ellos no comprenden lo que sucede ni disfrutan esas actividades.
He visto en televisión cómo levantan y bajan a un bebé cuando su equipo anota un gol, madres que los amamantan mientras la gente salta y grita, y coches con bebés hasta altas horas de la noche. Esos pequeños deberían estar durmiendo en sus cunas, pero muchos padres no quieren perderse esos eventos y prefieren sacrificar el bienestar de sus hijos.
Otro ejemplo ocurre cuando los futbolistas entran a la cancha de la mano de un niño o una niña, algo que no tiene nada de malo. Sin embargo, a veces llevan a un bebé en brazos y, justo antes de empezar el partido, la esposa entra corriendo para recogerlo.
Ana Isabel Rojas González, Mata de Plátano, Goicoechea
Solo así puedo comenzar el día
Ante la celebración del 80.° aniversario de este prestigioso medio de comunicación, puedo decirles que soy su suscriptor desde hace ya más de 55 años. Me acuerdo bien de que, en aquel entonces, la suscripción mensual costaba cinco colones mensuales. Tal vez ahora nos suene que qué barato era, pero en aquellos tiempos, cinco colones eran una suma considerable, tomando en cuenta que el tipo de cambio estaba en ¢6,50 por dólar. Y, desde ese entonces, no he dejado de recibirla en mi casa. La espero con gran ilusión para ponerme al tanto de las noticias nacionales y mundiales. En mi familia me molestan mucho, tanto mis hijos como mis nietos; me dicen que yo, sin La Nación, no podría comenzar el día, y así de cierto es.
Y en estos tiempos modernos, la disfruto en línea, lo cual me permite leerla estando fuera del país, tanto en Panamá como en Canadá, donde viven nuestros hijos y sus familias. Así que es cierto: no puedo comenzar mi día sin leer La Nación, algo que hago con gran placer.
Arturo Chavarría Escalante, San Pedro de Montes de Oca
Mi escuela de ortografía
Después de fallecer mi padre, siendo yo un niño de apenas 13 años, fui enviado a un colegio en Canadá.
Al regresar al país, seis años después, mi español seguía como el de un niño de 13. Entonces, recordé a un amigo, Mesén, que tenía la tarea de leer todos los días La Nación. Yo empecé también. Nunca supe por qué “camión” lleva acento, pero gracias a La Nación, no me falta la tilde, y ahora escribo con el hacha, pero con la tilde.
Fraser Pirie R., Cartago
Pepita y Olafo
Mis primeros recuerdos de La Nación se remontan a mi niñez, cuando esperaba cada día el periódico que el repartidor lanzaba por encima de la verja para salir corriendo a recogerlo. Mis caricaturas favoritas eran Pepita y Olafo, pequeños placeres que despertaron mi interés por la lectura.
Hoy, muchos años después, mi sección preferida es Cartas, un espacio donde cualquier ciudadano puede expresarse libremente, quejarse, proponer soluciones o agradecer. No todos los países disfrutan del privilegio de contar con un medio que permita llevar la voz ciudadana a todo el país.
En estos 80 años, felicito a La Nación y la animo a seguir siendo un medio crítico, independiente e investigativo, que dé espacio a las voces de la ciudadanía y contribuya a construir una Costa Rica más informada, participativa y democrática.
Randall García C., Alajuela
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