Opinión

Caldo de cultivo

Aunque su maldad es propia, Hitler no habría podido existir sin las reparaciones excesivas, y sus consecuencias, impuestas por el Tratado de Versalles al pueblo alemán. En la misma forma, Osama Bin Laden –o quien fuese– no se habría atrevido a desafiar a los Estados Unidos con su acto bárbaro, si no hubiese creído que parte del mundo lo aplaudiría o que la condena sería tibia. Aunque monstruo del mal tampoco es un suicida para enfrentarse a todos. Mucho le debe haber sorprendido, entonces, la condena universal de este acto, difícil de entender para quien, movido por el odio, hace tiempo salió de la Humanidad.

El gobierno de Bush también desafió al mundo con actos torpes de otro tipo, como el rechazo del Protocolo de Kioto y del Tratado de Limitación de Armas Nucleares, movido por asesores de su círculo íntimo, que se han apropiado de la política exterior, desplazando a Colin Powell, inteligente y de visión internacional, opuesto a estos errores, como señala Time en su edición del 10 de setiembre.

Este fundamentalista, para el que el mundo comienza y termina en Texas, olvida, igual que Bin-Laden, que la humanidad somos todos y que está por encima de nosotros.

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