Opinión

Boronas de epulón

En los restaurantes de Londres y Nueva York una taza de café puede costar $3. En sus más baratas cafeterías, $1,50, precio en que el costo del café, pagado al productor ahora a precios de hambre apenas constituye la centésima parte ($0,015), valor que, si se le pagase a $120 el quintal, que sí le deja ganancia, el costo de aquella taza apenas se incrementaría en otro centavo y medio.

De modo que el productor no cumple siquiera al papel del pobre Lázaro ante la mesa del rico Epulón porque apenas es la hormiga, cuya bonanza o miseria depende no de las sobras, sino de las boronas del festín.

Pero a la mísera hormiga se le recetan todas las rigideces de las leyes del mercado: abolición del Convenio Internacional del Café, privatización de los mecanismos de compra en los países productores, especulación de los compradores, etc., factores todos importantes de la actual caída estrepitosa de los precios.

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