En el asunto de los doscientos días de clase alguien hace trampa, y no se necesita ser Sherlock Holmes para saberlo. Porque, si los propios educadores dicen que la diferencia entre 174 y 200 días se desperdicia ^el tiempo y la plata^ porque no hay qué enseñar, es o porque el Ministerio de Educación Pública programa mal, o porque los educadores no quieren hacerlo.
A la vista de la ignorancia abismal de los estudiantes, y de que en el pasado siempre se pudo enseñar, el boicot ^de donde venga^ es evidente. Según la Ley de carrera docente, promulgada para trabajar los sábados, los días de clase eran más de doscientos, y el número de horas diarias de clase, superior. Y entonces nadie se aburría, lo que menos podría ocurrir ahora con menos días y menos horas.
Esto es un grave fraude al país, a cuyas nuevas generaciones sume en la ignorancia, y arrastra el futuro al atraso, y al fisco, que para salario extra a los educadores, sólo el año entrante, debe pagar, con sacrificio, veintiún mil millones de colones. Esto es muy serio, y las responsabilidades se deben cobrar hasta sus últimas consecuencias si es que el Gobierno realmente quiere combatir la corrupción. Tiene la palabra el señor Presidente.