Opinión

Auditoría ciudadana

El sistema político estatal está agotado

Cada día nos preocupamos por el deterioro progresivo de los servicios públicos, por el agotamiento y caos de la red vial, por el crecimiento de la delincuencia de cuello blanco y de otros colores, por la corrupción de los políticos y el saqueo de la hacienda pública, pero en cada caso vemos los síntomas inmediatos como causa del problema. Por eso clamamos por endurecer las leyes, por el "rescate" de los valores, por llevar hombres honrados e inteligentes a la Asamblea y al Gobierno, como si nuevas leyes fueran garantía contra la impunidad o los valores no se construyeran en la práctica y se pudieran rescatar de una cueva donde la mafia los tiene secuestrados.

En el mejor de los casos un buen administrador puede aliviar las cosas temporalmente, pero no podría resolver los problemas dentro del actual sistema. Su acción solo desplazaría la carga en el tiempo; después, los problemas volverían con más fuerza ya que todos estas manifestaciones obedecen a una causa común: el sistema político-estatal agotado. A menudo nos comparamos con los países desarrollados y nos lamentamos que aquí, a diferencia de los países del primer mundo, ni los ministros ni los diputados renuncian, o son desplazados cuando incumplen sus tareas.

Repúblicas clientelares. Nos lamentamos de no ser como ellos, pero al mismo tiempo damos por un hecho que el sistema político estatal nacional no se puede cambiar. En este lamento hay un reconocimiento implícito de una realidad: nuestros estados latinoamericanos no son, a pesar del rito electoral, repúblicas ciudadanas, donde el ciudadano elige y controla a sus gobernantes; de que somos repúblicas clientelares, donde el Estado es el botín político del partido ganador, que reparte prebendas entre la clientela que lo llevó al poder.

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