Es más fácil repetir los lugares comunes de una ideología que pensar, y esto es lo que ocurre en nuestro medio con lo político que hace tiempo dejó de ser pensamiento para convertirse en recetario. Cuando estuvo en auge la ideología socialista, su doctrina sobre el mundo era la verdad y nadie la discutía, aunque no se ajustase a la realidad. De esta manera se condenaba como conservador, cavernario, o al menos "políticamente incorrecto", a quien prefería ajustarse a la realidad y elaborar su pensamiento político con esta y no con el dogma. Pero luego que el socialismo fracasó y colapsó estrepitosamente como doctrina, en un movimiento pendular igualmente equivocado, se pretende hacer lo mismo con la ideología opuesta, la que dice que las leyes del mercado son la panacea para todo --aunque no sean cosas del mercado-- y este nuevo dogma se defiende con la mismo determinación fanática, con que antes otros defendían la planificación central, y la propiedad estatal de los medios de producción.
Pecado de fanatismo. Además de incurrir en el pecado del fanatismo, esto es un evidente error, porque los mecanismos del mercado sólo funcionan bien cuando, además de recaer sobre cosas del mercado, operan en condiciones de competencia, porque es a través de la lucha competitiva por obtener el cliente, que se obtiene su servicio de la mejor manera. Por eso en su ausencia, y especialmente en las actividades que por su naturaleza son monopólicas o cuasi monopólicas, es necesario que existan regulaciones externas para que la prestación de los servicios se produzca según el interés de los consumidores. Tal es el caso de ciertos servicios públicos, como la distribución de electricidad, que por naturaleza no permite a varios oferentes en competencia, y en que la seguridad y el servicio requieren instalaciones adicionales costosas, en contraposición de la economía y de los intereses de los accionistas.
Con candelas. El olvido de estas verdades en Nueva Zelandia mantiene a la ciudad de Auckland a oscuras, porque Mercury Energy, la compañía distribuidora de electricidad, a quien en un movimiento dogmático de privatización se le entregó sin más condiciones dicho servicio, diseñó la distribución conforme al criterio del menor costo. Por ello sólo puso cuatro cables mayores de distribución, cuando la seguridad del servicio aconsejaba poner otros seis costosos cables hasta un total de diez, aunque algunos de ellos nunca se usasen. Pero los cuatro cables colapsaron, y en ese respaldo, esa ciudad de más de un millón de habitantes ha quedado durante semanas sin electricidad. Mercury Energy le compra la energía a empresas productoras, pero en virtud del dogma de aplicación simplista de la ideología, organizó la distribución conforme a los criterios estrictos del menor costo para el empresario, con los resultados dichos. Ahora Auckland se alumbra con candelas porque sus administradores escogieron gobernarse por oscuridades dogmáticas, y no por la realidad y la razón.