Con motivo del reciente accidente en el Tobías Bolaños, Aviación Civil dijo que la OACI había certificado dicho aeropuerto como seguro y adecuado. Pero eso es falso, porque, aparte de que la OACI en el informe del caso sólo calificó la longitud de la pista, de suficiente para la mayoría de los monomotores, el abogado y piloto licenciado Manuel Peralta en documentado artículo en El Financiero (21-27 de febrero pasado), denuncia que Aviación Civil ocultó la segunda parte del informe, que objeta la pista por insuficiente para monomotores grandes y bimotores.
En todo caso, es evidente que, aún para monomotores pequeños es un aeropuerto inseguro y peligroso, porque, aunque su longitud sea suficiente, su ubicación es totalmente inadecuada, ya que la pista empieza al borde del cañón del Virilla y termina en un cerro, entre una sima y una cima. Por eso Peralta, basado en su propio conocimiento, y en dictámenes de técnicos que si se han atrevido a decir la verdad, concluyen tajantemente "que entre los aeropuertos más importantes del país, no hay uno tan malo ni tan peligroso como el de Pavas".
Sin sustentación válida. Es por tanto evidente -para cualquiera, salvo para los "técnicos" -que nunca se debió construir ahí. El lugar apropiado no era ese -que era entonces más caro también- sino el de los llanos de Lindora, en Santa Ana, donde estuvo el primer aeropuerto del país, cuyos propietarios hasta lo ofrecieron. Pero las autoridades, o los "técnicos " de Aviación Civil o del MOPT, sin ningún fundamento válido decidieron construirlo donde no procede. Por tan "técnica" decisión han sufrido 25 años los usuarios -que aportan los muertos- y los vecinos, que soportan el ruido y la caída de los aviones en sus techos. Pese a la gravedad de la falta, nunca se cobraron las responsabilidades consiguientes, y ahora tampoco se hace, porque los críticos y las autoridades, se santiguan con "lo técnico", y, como el bobo del cuento, no ven el elefante aunque lo tengan enfrente. A ver si ahora lo hacen, atrapada como está Aviación Civil en la mentira gracias a la denuncia del licenciado Peralta.
Pero ahí no paran los cuentos, porque el cuestionado proyecto del gestor interesado para el desarrollo del Santamaría se basa en sacar de ahí la aviación general -monomotores grandes y bimotores (un tercio de las operaciones)- para que las obras proyectadas, insuficientes y contrarias a los estándares internacionales, alcancen para los aviones grandes del servicio internacional. ¿Pero, para donde irían si el Tobías Bolaños no los puede recibir? ¿Qué clase de técnicos son éstos, que se fundan en lo que no existe? ¿Y qué consecuencias vendrán, si de aquella aviación depende el movimiento interno de los turistas, primera fuente de ingresos después de Intel?
Vacío fundamental. Y porque también es hueco en otro punto fundamental que, al no ser cierto, lo invalida. El proyecto del gestor requiere que, al término de los 20 años de la concesión, deba estar listo en su totalidad el proyectado aeropuerto en Orotina. Pero: a) del mismo solo existen estudios muy preliminares y las obras tendrían que empezar ya; b) desarrollarlo en la forma dicha requiere una inversión de $600 millones solo en obras de aeropuerto -y de varios centenares de millones de dólares más en obras acompañantes de infraestructura, para nada de lo cual se dejan fondos, pese a que su atención financiera, sólo en intereses requeriría cuando menos $100 millones al año; c) para compensar la distancia, la autopista de conexión con el Valle Central debe tener cuando menos cuatro vías, y la que se proyecta solo tiene dos, y con taludes contrarios a las especificaciones de seguridad.
De manera que la política aeroportuaria existente, de la que depende el ingreso mayoritario de divisas para el país -y al que pone en grave peligro- aterriza en la nada, por ser falsa en todos sus puntos esenciales. Y todo esto se encubre con medias verdades, falsedades, supuestos tecnicismos, y se logra gracias a la mansedumbre de la opinión pública, desesperada por la situación existente, que es producto de las fallas e incurias de estas mismas autoridades en el pasado, que así obtienen provecho de su propio dolo.
Es necesario entonces sentar dicha política en el banquillo de los acusados, tanto para evitar dicho daño, como para iniciar el análisis de la ingobernabilidad en este país, porque, el silencio y la falta de respeto a la verdad en la conducción de los asuntos públicos, conducen inevitablemente a la ingobernabilidad.