Los matones de la delegación diplomática de la dictadura cubana ante la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas agredieron y golpearon hasta dejarlo inconsciente al señor Frank Calzón, presidente del Center for a Free Cuba. El señor Calzón, destacado defensor de los derechos humanos, había acudido a Ginebra en representación de la Internacional Liberal para denunciar ante la Asamblea las durísimas condiciones de vida que padecen los niños cubanos como consecuencia de la prostitución infantil, la desnutrición y la explotación laboral encubierta que sufren bajo el sistema educativo que combina –obligatoriamente– la instrucción escolar y el trabajo en la agricultura.
Aparentemente, las palabras del señor Calzón contribuyeron a la condena del Gobierno cubano por parte de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, lo que desencadenó la ira y la agresión de los representantes de Castro en Ginebra.
Intimidación y acoso. Nadie debe sorprenderse de ese comportamiento. Está en consonancia con los “actos de repudio” con los que dentro de Cuba se intimida, acosa y maltrata a los demócratas de la oposición. Es perfectamente congruente con las escenas transmitidas por las televisiones del mundo entero de diplomáticos cubanos en París, encabezados por el propio embajador, golpeando con bates y otros objetos contundentes a manifestantes pacíficos que protestaban contra la represión en la isla. No hay duda de que estamos ante un gobierno que ha convertido el matonismo en su expresión más característica.