Opinión

Apóstol en su tierra

 Don Melvin Toruño dejó un sendero de esperanza y compromiso

Apóstol en su tierra  - 1
Apóstol en su tierra - 1

Una vez graduado como ingeniero agrónomo, don Melvin Toruño se apuntó en una maestría y extensión en una conocida institución nacional. Trabajaba para el Instituto de Desarrollo Agrario y quería ayudar al desarrollo nacional, especialmente el de su querido Guanacaste donde veía crecer, en medio de la riqueza, la pobreza y marginación de la población originaria. En la maestría le habían enseñado el método de “aprender haciendo” como la solución para que los productores se fueran apoderando de los secretos de la modernidad productiva.

Seguro de que tenía la solución para impulsar el desarrollo y crecimiento económico de su comunidad, convenció a sus vecinos para sembrar una serie de productos que mejorarían sus ingresos. Estaba bastante avanzada la siembra cuando tuvo un accidente que lo obligó a permanecer hospitalizado durante varios meses. Cuando regresó a su comunidad, se encontró con que las cosas no habían cambiado. La gente se comió los productos sembrados que debían transformar la economía local y habían vuelto a las actividades tradicionales.

Este hecho le produjo malestar y desazón. No entendía por qué había fracasado el método de extensión que tantos éxitos había tenido, según sus profesores, en otras partes. Comprometido con su pueblo, del cual conocía sus capacidades creativas y al que amaba entrañablemente, rechazaba los prejuicios que le atribuían al clima y a la cultura local, la “vagancia” de los lugareños.

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