Opinión

Agresión a los pobres

Lotificar primero los jardines de la Casa Presidencial

El decreto que permite urbanizar las montañas es una agresión, principalmente a los pobres, aunque la intención sea beneficiarlos. Los pobres, más que ningún otro grupo en el país, dependen para su bienestar de bienes comunes y externos, como la atención generalizada de salud, educación abierta y, en este caso, las bellezas naturales que apaciguan y modelan el espíritu.

Con la vista puesta en lo material, el Gobierno no ha sabido calar en este intangible espiritual, pero fundamental. Quitar a un costarricense el azul de sus montañas, con las que se deleita desde niño y que modula el alma nacional en la paz y en la convivencia civilizada, equivale al incendio de la casona de Santa Rosa o a la pérdida de la Virgen de los Ángeles: hieren en lo más profundo del espíritu.

Pero sobre todo afecta a los más pobres, quienes llenan su vacío material con los beneficios que les dan la sociedad, la historia y la naturaleza.

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