Opinión

A grandes males, grandes remedios

Es el momento de las decisiones reformadoras y no de ardides pedagogistas

Juan José Sobrado Ch.

El deterioro del sistema educativo es un hecho probado que no admite discusión. Su "producto", o sea, los costarricenses a quienes les correspondió sufrirlo por razones de edad, presenta, como se ha probado, deficiencias en su pensamiento abstracto o formal, en conocimientos básicos, en iniciativa, seguridad, criticidad y creatividad.

Estas deficiencias tampoco han sido el precio de un incremento en virtudes sociales como la solidaridad, o políticas como la democratización, según lo pretendían los pedagogistas. Lo que el pueblo de Costa Rica tiene de solidario lo trae de su trasfondo cristiano, que no se lo da la escuela, y no ha aprendido a operar en conjunto como se pretendía, por lo que ser ignorante no es ninguna ayuda sino un estorbo. Tampoco se ha democratizado más, sino que se ha hecho más gregario o masificado, e igualado en la vulgaridad y la ignorancia, lo que es otra cosa. Tampoco se han incrementado las virtudes individuales, sino todo lo contrario, porque los vicios aumentan con la vagancia, resultado de la baja exigencia, del paternalismo y de la pérdida de responsabilidad individual. La ociosidad es la madre de todos los vicios, como se sabe desde hace mucho, aunque los pedagogistas lo ignoren.

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