Opinión

7 de abril: ¿votar o no?

Evaluación de impacto anual con auditoría ciudadana

Los servicios estatales son cada vez más deficientes y onerosos. Día a día es mayor el porcentaje del presupuesto nacional que se financia con nuevos préstamos. La deuda pública, como porcentaje del PIB, crece sin control año con año.

De no producirse transformaciones institucionales importantes que introduzcan los controles de impacto y la rendición de cuentas, en los próximos seis años el Estado no podrá pagar sus obligaciones. Los pensionados de los fondos "de reparto", aunque hayan cotizado toda la vida, serán los primeros afectados al reducirse sus pensiones, como sucedió en Chile, Uruguay y Argentina. Les acompañaran en la desgracia miles de empleados públicos despedidos de los programas estatales y servicios sociales clausurados. Posteriormente, después de unas privatizaciones aceleradas "para salvar al país", volverá a crecer la deuda, los fondos de pensiones de la Caja se tambalearán y el país podría llegar a vivir una debacle como la argentina.

Estado sin controles. Este panorama no es ficticio, es el destino hacia el que nos conduce un Estado sin controles por carecer, entre otras cosas, de una evaluación de impacto de su quehacer, base de la participación ciudadana y de la rendición efectiva de cuentas. Un Estado sin división efectiva de poderes, donde los diputados, en vez de legislar, administran las placas de taxis, los bonos de vivienda, los puentes y las alcantarillas. Todo promovido por el poder ejecutivo a cambio de que le aprueben el presupuesto y sus proyectos sin discusiones. Una Contraloría presa de reglamentos y normativas y alejada cada vez más de los controles sustantivos. Un Poder Judicial cada vez con más "delegados" de la cúpula política que ha contribuido a mantener en la impunidad a los autores intelectuales de los grandes desfalcos que ha sufrido la hacienda pública. Un Poder Ejecutivo carente de controles efectivos.

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