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Violencia lanza a salvadoreños a vivir calvario en Costa Rica

1.500 ciudadanos llegaron al país este año por amenazas y cobro de extorsiones de maras

21 de octubre del 2017. La Guaria de Atenas, Alajuela. Entrevista a ciudadano salvadoreño (40)  que vive en el país en estatus de refugiado debido a que no pudo lidiar más con las pandillas en su nación de origen. Los constantes abusos por parte de la Mara Salvatrucha llegaron a su límite a inicios de este año cuando exigieron el pago de 10000 dólares o perderían la vida. El hombre casado y padre de tres hijos de 19, 17 y 15 huyó hacia Costa Rica en donde su situación no ha sido nada fácil por incumplimiento de las instituciones del gobierno encargadas de atender estos casos. En la foto: Oculto en las sombras de su habitación, el salvadoreño refugiado permite las fotografías siempre y cuando se cubra su identidad. Foto: Albert Marín.
21 de octubre del 2017. La Guaria de Atenas, Alajuela. Entrevista a ciudadano salvadoreño (40) que vive en el país en estatus de refugiado debido a que no pudo lidiar más con las pandillas en su nación de origen. Los constantes abusos por parte de la Mara Salvatrucha llegaron a su límite a inicios de este año cuando exigieron el pago de 10000 dólares o perderían la vida. El hombre casado y padre de tres hijos de 19, 17 y 15 huyó hacia Costa Rica en donde su situación no ha sido nada fácil por incumplimiento de las instituciones del gobierno encargadas de atender estos casos. En la foto: Oculto en las sombras de su habitación, el salvadoreño refugiado permite las fotografías siempre y cuando se cubra su identidad. Foto: Albert Marín. Albert Marin
(Video) Huir del terror, el relato de una familia salvadoreña

Obligados a escapar por la creciente violencia de las pandillas, al menos 1.500 salvadoreños eligieron este año vivir en Costa Rica para intentar reconstruir su vida y recuperar lo que perdieron en su país.

Aquí pretenden recobrar la calma de saberse a salvo en la casa, la certeza de salir a trabajar sin recibir amenazas de muerte y la normalidad que se teje en medio de lo cotidiano, como cuando se va a traer el pan en las mañanas o se hacen las compras en el supermercado.

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