Política

Henrietta Boggs: la abuelita de la Segunda República

Estuvo casada con Pepe Figueres antes y durante la Guerra de 1948. Luego se marchó a su natal Estados Unidos, impulsada por un espíritu independiente que no se ha apagado a sus 97 años

Foto: John Durán
Foto: John Durán JOHN DURAN
Foto: John Durán (JOHN DURAN)

Henrietta Boggs bebe un trago de la taza de café y sonríe. Sonríe mucho, hay que decirlo. Parece que lo hiciera a conciencia, como si supiera que cada sonrisa suya es un clavo en el féretro del cliché: ¿quién dice que a los 97 años no se puede tener el ímpetu de una muchacha?

Así como era ella cuando bajó de un barco en Limón, en 1941. Entonces tenía varias cosas: una crianza puritana gestada en la ciudad de Birmingham, Alabama, en el sur de los Estados Unidos; una educación universitaria que en poco retaba a una señorita como ella; y un corazón rebelde que la impulsó a desobedecer a sus padres y viajar a Costa Rica, a pasar su período de vacaciones en San José, junto a sus tíos que ya años antes se habían radicado en la pobre y pequeña nación centroamericana.

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