Jorge Mata Campos, un costarricense de 51 años y oriundo de Hatillo, San José, vivió durante 18 años en Estados Unidos. Allí hizo su vida. Trabajó en construcción, compró una casa, tiene un hijo estadounidense de 16 años y se casó. Pero nada de esto evitó que el 21 de junio del 2026, hace tres meses, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) lo detuviera en su residencia, en Nashville, Tennessee, y lo encarcelara en el Richwood Correctional Center, en Louisiana, donde actualmente comparte un espacio con otros 120 hombres que esperan a ser deportados.
La Nación pudo conversar con don Jorge mediante una videollamada que se realiza en una plataforma del ICE. La administración pone a disposición de los 120 detenidos una sola tablet y un teléfono de pared con muy mala conexión de Internet para atender las llamadas; sin embargo, para dicho ente nada es gratis: exige a los parientes $10 por cada 18 minutos de conversación y cobra por mensajes de texto de acuerdo a su extensión.
Aunque la conversación fue entrecortada, y la imagen de la videollamada constantemente se perdía, Mata logró explicar a este medio las dificultades por las que ha pasado, la forma en que lo detuvieron, el serio deterioro en su salud, la pérdida de casi 15 kilos de peso y los castigos a los que son sometidos.

“Mi salud está débil por la mala alimentación. El aire acondicionado no sirve y los baños (siete para las 120 personas) tienen problemas de fugas de agua, entonces hay muchísima humedad. Cumplí tres meses de estar acá y he bajado más de 30 libras. Hay gente que está peor que uno, pero los enfermeros no ayudan a la gente, a ellos no les importamos”, explicó don Jorge sobre su estado físico.
Mata es sobreviviente de un accidente automovilístico grave ocurrido hace tres años. Estuvo seis meses en silla de ruegas y hoy tiene platinas en la cadera, la pierna y clavos en el pie. Debe tomar medicación diaria contra el dolor y la inflamación, pero en el centro correccional esto es una fantasía.
Sus conocimientos de construcción le permiten calcular que la celda en la que se encuentra, junto a sus otros 120 compañeros, mide 20 metros por 40 metros, es decir, unos 800 metros cuadrados (m²), aproximadamente 6,6 m² por recluso. Ahí convive con rusos, hondureños, guatemaltecos, salvadoreños, cubanos y puertorriqueños, pero ningún tico.
En una próxima entrega La Nación ahodará en aspectos sobre la vida diaria de los detenidos por ICE; esta entrega se enfocará en la historia de Jorge Mata, cómo fue capturado y por qué no lo dejan volver a Costa Rica.
Don Jorge entró a Estados Unidos con visa hace 18 años y asegura que actualmente cuenta con un permiso conocido como Visa U, un estatus que se le otorga a las víctimas de crímenes que han sufrido abuso físico o mental con el fin de que testifiquen en una investigación o juicio. La ley permite que, tras tres años de tener Visa U, el titular solicite la residencia permanente legal (conocida como green card). De hecho, él acudía con frecuencia a las cortes y estaba realizando el proceso migratorio para regularizarse.
Pese a esto, un 21 de junio lo detuvieron.

“Un día me llegó una citación de ICE, entonces yo fui a las oficinas de Migración, me tomaron las huellas, firmé, me tomaron fotos, tomaron la dirección de mi casa y me dijeron que todo bien. Pero a los 10 días llegó una patrulla a mi casa en Nashville, Tennesse, diciendo que alguien había llamado al 9-1-1. Yo pensé que eran los vecinos que estaba discutiendo o algo.
“El oficial se metió en mi casa. Entonces, yo me acerqué para preguntarle qué estaba pasando y simplemente me arrestaron, me metieron a la patrulla, me llevaron y cuando estaba en la celda ellos mismos llamaron a ICE, que me impuso una retención temporal (holding). Mi abogado me acompañó a comparecer ante el juez, que reconoció que no tenía sentido que me hubieran llevado, pero ya el ICE me tenía el holding, entonces no me dejaron ir”, recordó Mata.
Afirma que no le dijeron bajo qué cargos lo arrestaban ni le pidieron una identificación. “Era como que ya sabían quién era yo, fueron directo por mí. Yo les dije que tenía Visa U, pero me dijeron que eso no importaba”, criticó.
‘Ahora resulta que no tengo derechos’
Para don Jorge su propia historia es imposible de creer. Lo detuvieron pese a estar en su propia casa y, ahora, le revocaron la visa.
“A los 15 días de caer aquí (en el correccional) me quitaron la visa, no debería ser así, es inhumano, yo no he hecho nada, no he robado, no le he hecho daño a nadie para que me tengan tanto tiempo encerrado por nada. Ahora resulta que no tengo derechos”, lamentó.
A Mata le dieron dos días para conseguir los papeles para defenderse en la corte, logró obtenerlos. No obstante, asegura que la propia administración perdió lo documentos.
“Entonces yo le dije al juez que yo no quería estar en la cárcel, yo no quiero estar aquí encerrado, quiero que me deporten”, explicó. Jorge Mata accedió a una deportación voluntaria, es decir, renunció a cualquier apelación con tal de que lo dejen volver a Costa Rica lo más rápido posible.
Ha pasado un mes desde entonces y ahí sigue esperando.
“Como me perdieron mis papeles, ahora tengo que quedarme aquí el tiempo que ellos quieran, no me han dado una fecha para irme, y yo creo que lo hacen al propio, porque esto es un negocio, le cobran a uno para todo, cada llamada son $10”, criticó el tico.

The Washington Post reportó este martes 22 de setiembre que ICE está eliminando de su base de datos en línea, consultable por el público, a los inmigrantes que cuentan con órdenes definitivas de deportación. Esto provoca que las familias y abogados se queden sin información mientras intentan averiguar dónde están sus seres queridos.
Esta nueva política también prohíbe que agentes de inmigración compartan por teléfono información sobre la ubicación de un detenido con sus abogados o familiares.
Greg Chen, director de relaciones gubernamentales de la Asociación Estadounidense de Abogados de Inmigración (AILA), dijo estar preocupado de que esa medida sea una nueva herramienta para acelerar las deportaciones y “atropellar” los derechos de los inmigrantes.
Una allegada de Mata dijo a La Nación que envió un correo al consulado de Costa Rica en Estados Unidos para solicitar ayuda con la deportación del tico. Desde esa entidad le respondieron que ya existía una orden de deportación en proceso, sin embargo, este proceso podría tardar semanas o meses.
En un comunicado, ICE dijo estar dando “prioridad” a la deportación de inmigrantes con órdenes definitivas de expulsión, y agregó que todos los detenidos tienen acceso a teléfonos.

Para poder llamar a un detenido, es necesario realizar un proceso burocrático de más de cuatro horas, hay largas filas, la conexión a internet es mala y hay que pagar constantemente a ICE.
Mientras tanto, don Jorge se aferra a su deseo de volver a ver a su hijo de 16 años y su sueño de volver a Costa Rica por fin, en libertad.

