La famosa frase del expresidente José Figueres Ferrer, “digan que gasté los $60.000 en confites”, ha pasado de generación en generación como una anécdota, pero muy pocos conocen qué ocurrió realmente con ese dinero.
Todo empezó con un escándalo en 1973. Varios medios norteamericanos publicaron que el entonces presidente de Costa Rica tenía una cuenta bancaria personal en Nueva York con más de $300.000.
En mayo de 1973, Figueres hizo un discurso para explicar la procedencia de diferentes depósitos.
Entre ellos, detalló que $60.000 provinieron de un banco de Bahamas e indicó que este tenía una relación (no detalló cuál) con fondos de Robert Vesco, un fugitivo norteamericano que vivió aquí.
Figueres aseguró que la donación la hicieron dos señores “muy musicales”, dirigentes de ese banco, para “empezar a crear el patrimonio de la orquesta nacional”.
Anunció que el dinero se destinaría a comprar una finca maderera “que dentro de unos años dé todo o parte a la orquesta”.
A la revista Américas , de la Organización de Estados Americanos, Figueres declaró que estaba organizando una compañía agrícola que “pertenecerá completamente a la orquesta”.
Fue entonces cuando creó la Asociación Pro Orquesta Sinfónica Nacional y compró tres fincas, bajo la promesa de que al disolverse la asociación los bienes pasarían “íntegramente” a la Orquesta.
Como presidente de la República, Figueres emitió un decreto para darle carácter de utilidad pública a la Asociación, la cual tenía entre sus objetivos el de gestionar donaciones dentro y fuera del país.
Polémica. El 1.° de octubre del año siguiente, La Nación publicó: “Al preguntarle sobre el particular, el expresidente declaró: ‘Digan que gasté los $60.000 en confites’. ¿Solo eso publicamos? Indagaron los periodistas, y agregó: ‘Sí, solo eso’”.
Las declaraciones provocaron una discusión en la junta directiva de la Orquesta en octubre de 1974. El directivo Eduardo Ortiz dijo no estar dispuesto a “aceptar el comportamiento del señor Figueres”, amenazó con renunciar y propuso solicitar a la Contraloría hacer una investigación.
El entonces presidente de la junta, Guido Sáenz, se opuso a que el ente contralor interviniera. Dijo que él le tenía “gran respeto al señor Figueres como para llegar a ese punto”, según se lee en el acta de la sesión.
Sáenz dijo haberse reunido con Figueres, confirmó que dos empresarios “obsequiaron a la Orquesta Sinfónica” los $60.000 y prometió entregar un informe contable (se entregó en 1975).
Al final, varios diputados pidieron la intervención de la Contraloría y, cuando esta le pidió cuentas, Figueres Ferrer dio una versión diferente.
Según publicó El Excelsior en marzo de 1975, Figueres escribió al entonces contralor: “Yo no he recibido ninguna donación para la Orquesta Sinfónica. Gestioné entre amigos algunos fondos”.
Con los años, los terrenos pasaron de asociación en asociación. Consultado hace unos días sobre cómo beneficiaron los $60.000 o las fincas a la Sinfónica, la respuesta de Guido Sáenz fue tajante: “¿Cómo? No benefició nada en absoluto”.