Berta Cáceres creía que era un ser surgido de la tierra, el agua y el maíz; creía que todos lo somos. Además, pensaba que dar la vida por la defensa de los ríos era darla por la humanidad.
Esos dos principios acompañaron a esta hondureña hasta el fin de sus días, el 3 de marzo de este año, cuando fue asesinada en su casa y se convirtió en la víctima más notoria de la guerra que se vive en Centroamérica por la defensa de los recursos naturales.
Ilustración: Olga Cajina.
¢12 millones habrían pagado por el asesinato de esta mujer que, como explicaron sus hijas a La Nación, fue perseguida por oponerse a la construcción de hidroeléctricas en ríos que su pueblo (los lencas) consideran sagrados y vitales para su supervivencia.
En 2015, Cáceres fue reconocida con el premio Goldman, el “Nobel verde”.
“Dedico este premio a los y las mártires por la defensa de la naturaleza”, dijo cuando recibió el premio, meses antes de convertirse en un símbolo más.
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