
“Pocas cosas más merecidas que ese premio Nobel (de la Paz)”, dijo con emoción la exjueza costarricense Elizabeth Odio Benito sobre el galardón otorgado este viernes a Navanethem Navi Pillay, de Sudáfrica, a quien conoce desde hace más de 30 años.
En 1993, por primera vez las trayectorias de ambas como juezas internacionales coincidieron en tribunales ad hoc creados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Odio integró el Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia, con sede en La Haya, Países Bajos, mientras que Pillay formó parte del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, con sede en Arusha, Tanzania.
Aunque trabajaban en tribunales distintos, sus encuentros les permitieron intercambiar experiencias y apoyarse mutuamente.
“Lo que ocurre es que ellos (los jueces del Tribunal de Ruanda) viajaban, sobre todo ella, con mucha frecuencia a La Haya y allí nos reuníamos y conversábamos”, dijo Odio sobre la cercanía que mantuvo con la sudafricana.
En 2003, ambas coincidieron nuevamente al integrar la Corte Penal Internacional.
La costarricense contó que todavía no había tenido oportunidad de comunicarse con Pillay tras el anuncio, aunque manifestó su intención de escribirle para felicitarla.
Odio se enteró de la noticia del Nobel de la Paz por la prensa.
“Yo en la mañana lo primero que hago cuando me levanto es buscar la prensa y en el caso concreto La Nación, que es lo primero que me llega. Y luego me entero del tema por los otros medios de prensa”, dijo Odio.
Después, recibió mensajes de personas que conocían su relación con Pillay y sabían cuánto le alegraría el reconocimiento.
“Me sentí muy, muy feliz porque lo merecía”, afirmó.

‘Quizá comparta el premio con Trump’
“Navy es una mujer muy accesible, muy sencilla, muy cálida, muy inteligente, enormemente trabajadora y muy valiente”, dijo la costarricense.
Recordó que Pillay tuvo una infancia y juventud muy difíciles al crecer en medio de la compleja situación social de Sudáfrica debido a su pertenencia a la minoría tamil e hindú.
“Yo era del tercer color”, le decía Pillay a Odio cuando conversaban sobre sus orígenes y las dificultades que enfrentó en Sudáfrica.
Según relató la jurista costarricense, Pillay, quien pertenece a la minoría tamil, se describía de esa forma por no ser considerada ni blanca ni negra.
Esa condición, sumada a su género, la expuso a múltiples formas de discriminación. Pese a las barreras que enfrentaban las mujeres para ejercer la abogacía en aquella época, decidió desde joven convertirse en abogada y logró abrirse camino mediante años de esfuerzo, estudio y trabajo.
Aparte de todas las cualidades que destacó, Odio recordó con especial aprecio el sentido del humor de Pillay.
“Una de las cualidades que siempre me acercó mucho a Navi es que es una mujer con un gran sentido del humor. Es una mujer muy cálida, muy accesible, pero además tiene un gran sentido del humor y entonces era muy fácil reírse con ella”, dijo.
Ese sentido del humor quedó ejemplificado cuando Pillay se dio cuenta de que obtuvo el Nobel.
“Si aplauden un poco más fuerte, quizá comparta el premio con Trump”, bromeó la sudafricana este viernes, tras enterarse, en medio de las ovaciones, de que había ganado el premio Nobel de la Paz.
“Esa es Navy. Me hizo una gracia enorme”, dijo entre risas Odio.
La reacción de Pillay fue captada por la secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, en Núremberg y publicada en la red social X.
El año pasado, el presidente Donald Trump expresó que merecía ganar el premio Nobel de la Paz. Este le fue otorgado a la líder opositora venezolana María Corina Machado, quien después de recibirlo le entregó su medalla de oro al mandatario estadounidense.
Odio recuerda especialmente los momentos cotidianos que compartió con Pillay, como los chistes durante la hora del café. También destaca su optimismo especialmente en los momentos de incertidumbre, como cuando se discutía la posible disolución de los tribunales internacionales.
Fojaron jurisprudencia
Odio recordó que durante los años en que integraron los tribunales ad hoc, en los años noventa, contribuyeron a sentar las bases de la jurisprudencia del derecho penal internacional, particularmente sobre la violencia sexual contra las mujeres.
“No había, en el derecho internacional, una línea que realmente permitiera tipificar como delito internacional de genocidio, de crimen contra la humanidad o crimen de guerra la violencia sexual contra las mujeres. Ahí las tres hicimos un trabajo conjunto muy importante. Ahí conocí de cerca la personalidad y los valores de la jueza Pillay”, dijo la costarricense.
La tercera jueza a la que hace referencia Odio es la estadounidense Gabrielle Kirk McDonald. “Éramos las tres únicas mujeres que trabajábamos en los tribunales ad hoc (de Ruanda y Yugoslavia)”, recordó.

“Fueron años muy interesantes porque en los dos tribunales tuvimos que prácticamente escribir lo que sería luego el derecho penal internacional. Trabajamos muy de cerca y nos intercambiamos apoyos y las experiencias que íbamos teniendo en esos tribunales que fueron muy intensas”, dijo.
Tras los años en los tribunales ad hoc, coincidieron nuevamente en 2003, cuando ambas fueron designadas como juezas de la Corte Penal Internacional.
“En esta ocasión no trabajamos exactamente juntas, pero siempre seguimos, desde punto de vista personal, muy cercanas”, dijo
Un mensaje para Costa Rica
Odio considera que el reconocimiento a Pillay también permite acercar al público costarricense a una jurista cuya trayectoria se desarrolló principalmente en el ámbito internacional.
La exjueza destacó el compromiso de Pillay con los derechos humanos y su disposición para defenderlos en distintos escenarios.
“Yo sé que eventualmente contaríamos con Navi si le pedimos apoyo en una lucha por los derechos humanos en Costa Rica y en el continente”, concluyó.
