Ciencia

La tribuna del idioma: ¿Hacer fila o hacer cola?


      
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Recuerdo que -hace bastantes años- fui víctima de un franco desasosiego cuando leí en algún lugar que perdemos una tercera parte de nuestra existencia durmiendo, de modo que los 75 años de expectativa de vida que dicen que tenemos quedan reducidos, en resumidas cuentas, a 50 (edad que este columnista ha superado muy ampliamente).

Pero vamos de mal en peor. Resulta que a esos 25 años de vida que perdemos durmiendo (a algunos perezosillos habría que agregarles unos meses más) deben sumarse quién sabe cuántos lustros de pacientes -o impacientes- esperas en una fila: ante un semáforo -que parpadea cinco segundos de verde después de diez minutos de rojo-, ante las cajas de un banco -cuyos funcionarios parecen estar contando todo el dinero del mundo antes de dirigirse a ingerir su merecido almuerzo precisamente cuando llegaba nuestro turno-, ante la ventanilla de consulta externa de un hospital, ante la taquilla de un cine, ante un rótulo borroso que alguna vez mostró la ruta de un bus, debajo de un angosto alero -una noche de viernes lluvioso- con la candorosa ilusión de encontrar un taxi.

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