El de este lunes por la noche en el Centro Cultural de España fue un partido extraño, donde se mezclaron sin pudor futbol y arte, juego y reflexión.
No hubo pitazo inicial, solo permiso para empezar cuando se abrió una puerta y una buena cantidad de curiosos, artistas plásticos, especialistas y otros personajes ingresaron en tropel a la cancha.
Primera sorpresa: en la cancha había más balones que jugadores y ¡qué balones! En el marco de la Copa Mundial de Futbol Corea-Japón 2002, 22 artistas participaron en el proyecto Que corra la bola , una iniciativa del Centro Cultural de España con el apoyo de Luis Fernando Quirós y Tamara Díaz Bringas. Allí se inspiraron, jugaron y reflexionaron...
El aparente divorcio entre artes plásticas y futbol desapareció a punta de balones intervenidos, que en días anteriores el Centro les entregó como pelotas pulcramente blancas y nuevas con la libertad de "hacer lo que quisieran".
En los trabajos resultantes algunos confesaron públicamente su pasión por ese deporte, otros su tolerancia, algunos su visión crítica y otros su completo odio.
Un solo deporte, una sola invitación, muchas miradas.
Vamos a poquitos: en la banda derecha, Adolfo Siliézar colocó Mes sacramental, una sacralización pasada por fuego como el trabajo de ese artista de un balón sobre un libro abierto en Asia.
A un lado y en un pase en el aire, Alejandro Tarzán Villalobos dejó que con tonos dorados y verdes, su balón se convirtiera en paisaje bajo el título Bola natura .
Adrián Arguedas mostró que regaló su bola a un niño y en su lugar hizo una negra; mientras Habacue presentó su Gol-orrea , una pelota con una diarrea de palabras: esperanza, fanatismo, desperdicio, sexismo, escapismo...
Sila Chanto, quien confesó que le encantó meterse en el juego, exhibió un Retrato de un grupo erótico-homofilia . Fue una obra que sacó risas pues los jugadores, en pose de foto oficial, tenían de "taparrabos" pedazos de bola.
Obras sumamente críticas fueron las de Lucía Madriz, la de Carolina Córdoba, Karla Solano y Marcia Salas, unas criticaron el negocio millonario de los vendedores de licores y cerveza en nuestro país, otra el sexismo de ese deporte y otra el hecho de que algunos patrones se heredan.
Leda Astorga fue la radical: quemó su bola y la tituló: "¿No sería hermoso que solo nos hablaran de futbol? ".
Estos fueron solo algunos de los pases, muchos otros quedaron allí en la cancha para ser espiados por los visitantes.
Al final, hubo una subasta, se vendieron tres piezas; sin embargo, no se preocupe: tanto la subasta como la exposición se prolongarán durante una semana más.