La historia se desarrolla en Madrid, de 1970 a 1997. David (Javier Bardem), Sancho (José Sancho), Clara (Ángela Molina), Elena (Francesca Neri), y Víctor (Liberto Rabal) entretejen sus vidas en la ciudad de un país que avanzó de la oscuridad de la dictadura, a la libertad: de la tierra del silencio, a la España "donde ya nadie tiene miedo".
Es Carne trémula, la última producción de Pedro Almodóvar, el cineasta-símbolo del "Destape", el creador de un lenguaje singular que lo ha transformado -¡oh, paradoja!- en el más "hollywoodense" de los directores europeos. ¿Por qué?... Porque basta su rúbrica para vender cine como oferta de pan caliente.
La producción es un éxito de taquilla desde que se estrenó, el 10 de octubre en los cines de España, simultáneamente con Nueva York, donde estuvieron Almodóvar y parte del elenco artístico.
Al cartel indiscutible de figuras de larguísimas jornadas en el plató, como Ángela Molina, Francesca Neri y el mismo José Sancho, se suma Javier Bardem, el actor más cotizado de la actualidad en España (en estos días, la cartelera de Madrid ofrece Perdita Durango, con la actuación estelar de Bardem, película de Alex de la Iglesia).
El debutante, Liberto Rabal, se constituyó en el factor polémico de Carne trémula, ya que, según parece, al nieto del legendario Paco Rabal, la crítica le cobra su osadía. A juicio de los conocedores, Liberto se quedó corto en la interpretación de su personaje, y, en relación con la calidad del elenco, el saldo lo deja en deuda.
Eso dicen los analistas. Sin embargo, el suscrito (más cinéfilo que especialista) considera que su actuación está acorde con el papel de joven tímido e inexperto, en la vida y en las cosas del amor, que evoluciona convincentemente de la fogosidad a la madurez.
Junto con Bardem, Rabal interpreta un difícil contrapunto. Rivales encarnizados, de la humanidad de ambos deriva un velo sutil de empatía que, de algún modo, los identifica en la aspiración de un solo puerto: el amor de Elena. "¿Por quién te preocupas: por él o por mí?", pregunta David a Elena en un momento del filme. "Por los tres", responde ella.
Chavela invitada
Basada en la novela homónima de Ruth Rendell, Almodóvar fotografió su propia versión, bajo el embrujo azul del cielo madrileño.
Destaca la música, compuesta por Alberto Iglesias e interpretada por la Orquesta Sinfónica de Madrid, además de la voz trémula, profunda y conmovedora de Chavela Vargas, bohemia y cómplice del travieso director.
En un momento crucial, Chavela irrumpe con el bolero Somos (de Mario Clavell) y la pantalla trasluce erotismo y pasión, en cuidadoso equilibrio.
Las escenas del epílogo se suceden in crescendo. Es una especie de vértigo con sensación de tragedia hasta que, de súbito, la trama da un giro y sobrevienen el cierre del círculo, el ascenso de la espiral y un final feliz... ¡sin cuento de hadas, eh!
Cada personaje forja el destino que la alquimia acierto/error suele urdir a cada cual, mientras los espectadores dejamos las butacas al tenor de ese sentimiento que -unos más, otros menos- alimentamos para sortear los días.
¿Habrá quien no procure avivarla?... La esperanza, claro.
Lo que ha dicho la crítica
Ana RomeroPara La Nación
Madrid. Con su duodécima película, Almodóvar ha conseguido meterse en el bolsillo a la crítica. Si sus anteriores filmes despertaron discrepancias -sobre todo en España, donde se tolera mal el éxito-, con esta no ha recibido más que alabanzas tanto en su tierra como en Estados Unidos o Londres, donde ya se ha estrenado Carne trémula.
Cinemanía, una de las revistas especializadas más importantes de España, asegura que esta es la película más romántica, la que contiene los más hermosos, inspirados y arrebatadores momentos del cine de Almodóvar. En The New York Times se habla de una trama deliciosamente complicada entre los cinco personajes de la película, cada uno de los cuales está descrito con precisión aguda y despierta.