
Una imprenta de segunda mano comprada en Estados Unidos fue el primer paso concreto que se dio para la fundación de un nuevo periódico en el país, apenas un año antes de que La Nación viera la luz. La gestión fue realizada en 1945 por el general José María Pinaud, quien venía rumiando la idea de establecer un nuevo medio de prensa.
Incluso llegó a contactar a los hoy bien llamados pioneros del periodismo en Costa Rica, entre ellos Joaquín Vargas Gené, con el fin de ir cristalizando su objetivo.
Sin embargo, algunas complicaciones provocaron que Pinaud desistiera del proyecto y entonces vendió el equipo a un grupo que, a la postre, constituyó la primera junta directiva del nuevo periódico.
Se trataba de Alfredo Echandi Jiménez en la presidencia; Jaime Solera Bennett como vicepresidente; Édgar Odio González, secretario; Manuel Mendiola Zaldívar, tesorero, y los vocales José Víctor Marcha, Ramón Aguilar Castro, Alberto Cañas Escalante, Roberto Cañas Escalante y Ramón Herrero Herrero.
Antes de poder arrancar con el proyecto, sus gestores debieron contratar a varios operarios para que le hicieran diversas reparaciones a la vieja imprenta importada.
Tal era su grado de deterioro, que los arreglos tardaron varios meses.
Inicialmente, el periódico se instaló en una vieja casona perteneciente al doctor José Victory en calle tercera y avenidas primera y tercera.
Su capital inicial era de casi ¢1 millón, dividido en 188 acciones de ¢5.000 cada una. Cada socio podía tener solamente una acción. La primera sesión de la junta directiva se celebró el 1° de noviembre de 1946. Al momento de su salida, el diario costaba 10 céntimos por ejemplar, mientras que la suscripción mensual valía ¢2.
Tanto su gestación como su nacimiento se dieron en medio de un ambiente de denuncias sobre fraudes electorales sistemáticos, represión gubernamental contra los opositores, dudosos manejos de los bienes públicos, indignación popular, recesión de posguerra, polaridad ideológica y desorientación política.
De hecho, ya desde sus primeras ediciones había rasgos claros de esa vehemencia y ese activismo que antecedieron a la guerra civil de 1948.
La Nación pasó a engrosar las filas de la crítica contra los excesos del gobierno de Teodoro Picado junto con los periódicos de entonces, el Diario de Costa Rica, La Prensa Libre y La Hora. En respuesta, La Tribuna, voz y fuerza del oficialismo, cargaba de polémica la oferta informativa del ambiente.
Velas al viento. En manos de Ricardo Castro Beeche como gerente, y del experimentado periodista Sergio Carballo en el puesto de director, La Nación echó las velas al viento.
En su primer editorial, se comprometió a “no ser dominado por sectarismos: ni partido político, ni credo social intransigente, ni inclinación pertinaz de género alguno”, y prometió no desatender “la alta y verdadera política nacional”.
Durante los primeros años, el tiraje fue de 3.000 ejemplares diarios.
A partir de su fundación, La Nación ha ido evolucionando de acuerdo con las demandas de los tiempos.
Apenas cinco meses después de su nacimiento, en marzo de 1947, se empezó a publicar el primer suplemento (se llamaba Interamericano , se hacía en México y se insertaba en el diario). En ese mismo mes subió su precio por primera vez y, en abril de 1947, se hicieron ya algunos cambios tipográficos en su portada.
El surgimiento de empresas paralelas que hoy constituyen parte importante del capital del diario arrancó desde 1948, cuando empezaron a ofrecerse al público servicios de artes gráficas como tipografía, encuadernación y fotograbado.
La adquisición de una máquina rotativa Hoe, en 1952, fue un paso de trascendental importancia, pues hizo posible que el foliaje de una edición creciera hasta 128 páginas.
Investigación y color. Un año después se inició la publicación de reportajes especiales los domingos, en lo que se considera la incipiente génesis del periodismo de investigación.
Ya en 1955 se inauguró el nuevo edificio en el centro de San José, mientras que la edificación actual, en Llorente de Tibás, se estrenó el 12 de octubre de 1978.
El color arribó a La Nación en 1973, cuando se inauguró la prensa offset y algunas secciones dejaron atrás el blanco y negro: las tiras cómicas, la portada del antiguo suplemento Gentes y Paisajes y la primera plana del diario.
En enero de 1979 se cambió –por primera vez desde 1946– el estilo del encabezado. Y en 1985, el diario ingresó en la era de la computación cuando las numerosas máquinas de escribir de la sala de redacción se reemplazaron por ordenadores del novedoso sistema Atex, que aligeraba los procesos y permitía crear ediciones más acabadas.
Y, siempre a la vanguardia, La Nación fue uno de los primeros periódicos de Latinoamérica que puso su edición en línea cuando llegó la revolución de Internet: desde abril de 1995, es posible leer el periódico del día desde cualquier rincón del planeta donde haya una acceso a la red de redes.