Por sus características (5,20 metros de alto y 30 toneladas), al momento del empaque fue necesaria la fuerza de una grúa de 60 toneladas y la de tres hombres, que trabajaron durante diez horas en la primera fase de instalación.
El escultor talló a San Marcelino en Carrara, la ciudad del mármol blanco y una de las cunas de este arte de formas tridimensionales. Aquí, Jiménez vive con su esposa, Guiselle Zamora, desde hace 24 años.
Desde Carrara, la estatua partió el miércoles a la medianoche italiana en un camión de 12 metros de longitud, para llegar a una Roma aún dormida y sin tráfico, el jueves a las 6 a. m.
Una vez en Roma, la grúa bajó la obra del camión muy lentamente; la puso de pie y la colocó en una plataforma de siete metros de alto. Finalmente, la grúa deslizó el conjunto a su nuevo hogar: un nicho diseñado por Miguel Ángel hace 450 años y que desde entonces permanecía vacío.
Por estos días, Jorge no duerme, pues llevar a San Marcelino al Vaticano ha sido agotador. "He tenido que coordinar muchos detalles para no dejar ni una sola posibilidad de error", cuenta Jiménez Deredia, con las huellas del cansancio en la cara, pero con los ojos más brillantes que nunca.
Por otro lado, él y su mujer han debido estirar el dinero de la venta de otras piezas para financiar los $10.000 (cerca de ¢3,1 millones) del montaje y los $750.000 (unos ¢234 millones), que es el valor total de esta gran experiencia.
Paz y satisfacción
Cuando, el miércoles 20, el papa Juan Pablo II dé la bendición a San Marcelino, para Jorge será el cierre del año más intenso de su vida artística y personal. "Verla instalada es una gran alegría que además significa haber cumplido mi misión", comenta Jorge en el jardín de su casa, mientras habla con su esposa sobre el traje que usará el día de la inauguración. "No quiero ponerme corbata. Prefiero que el Papa me vea como soy", le dice a Guiselle, que en todo este trajín ha sido su secretaria y asistente.
Si llevar físicamente a San Marcelino al Vaticano ha sido duro, todo el camino inicial lo fue aún más. Jorge ha tenido que soportar algunas actitudes xenofóbicas por el hecho de ser latinoamericano. Un diplomático de Europa llegó a preguntar por qué un costarricense, en vez de un europeo, hizo la escultura, que se convertirá en la obra oficial del Jubileo.
Es consciente el escultor de que su propuesta despertará algunas críticas pues no es arte barroco: es más bien simple y "muy laica". Tiene muy claro que debe ser consecuente con sus ideas, y por ello quiso hacer una obra contemporánea, sin pliegues.
Toda esta historia comenzó el año pasado cuando Jiménez Deredia recibió el premio Beato Angélico, un galardón que desde 1985 otorga el Vaticano a los artistas que expresan espiritualidad en su arte y combinan lo laico y lo religioso.
En enero pasado, con la ayuda de dos artesanos y en el taller más antiguo (1863) y prestigioso de Carrara, nació San Marcelino de Champagnat, el santo francés que amaba a los niños y es el fundador de la Orden de los Maristas.
La obra y el autor
Autor: Jorge Jiménez Deredia, nacido hace 45 años en Heredia y residente en Italia desde 1976. Egresado del Conservatorio de Castella, llegó a Italia con una beca para estudiar escultura en la Academia de Bellas Artes de Carrara.
Título: Un gigante de amor .
El personaje: San Marcelino de Champagnat, un religioso humilde que amaba a los niños. Su sueño era esparcir la educación por todo el planeta.
Los niños: Sobre la cabeza del santo aparece un niño desnudo de unos dos años . A sus pies, una niña en edad escolar, vestida, se apoya en su pie derecho. Ambos tienen formas redondas, son cachetones, tienen los ojos achinados y la nariz pequeñita. Sonríen.
Altura de la obra esculpida: 5,20 metros.
Peso: 30 toneladas.
Material: Mármol blanco de Carrara; la base es de mármol gris. Para conseguir la pieza idónea fue necesario cortar dos bloques pues había que asegurarse de que no apareciera ni un solo punto negro.
Costo total: $750.000 (unos ¢234 millones).