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La nueva cara de la biblioteca

El barullo de los bebés sube de tono conforme avanza la lectura del cuento. Al lado, unos escolares revisan Internet en las computadoras públicas y gratuitas. Más allá, una universitaria ojea el siglo XIX en otra máquina. Esta es la nueva cara de la biblioteca pública.

A Jéssica Calderón le pasaba las mías cuando, de pequeña, debía ir a la biblioteca: “Yo solo iba para hacer trabajos del cole, porque el lugar me parecía cansado y aburrido”, comentó.

En mi caso, conocí una biblioteca hasta que entré al colegio y conservo la imagen de un sitio al que había que entrar con la boca sellada para no hacer ruido (¡qué difícil imponerle eso a una adolescente!). ¡Shhhhhh! era la regla en Tibás, la misma que Jéssica tuvo que respetar en Palmares, donde estudió.

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