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La arquitectura pública y la cultura costarricense

Debemos parar la construcción de mamarrachos públicos

Cuando arqueólogos del futuro desentierren las ciudades costarricenses se preguntarán por qué las sedes de gobierno eran edificios comerciales con rótulos como “Casa Presidencial” y “Asamblea Legislativa” y ubicadas lejos de un lugar considerado el centro de la capital durante algún tiempo prehistórico allá por finales del siglo XIX y parte del XX.

Compararán con los vestigios de otros lugares como Giza o Atenas o Roma o Washington, México, Buenos Aires, Quito, París, Madrid, Tokio, Nueva York y hasta Brasilia (no precisamente una de mis ciudades favoritas, por voluptuosa que sea, pero definitivamente de potentes expresiones simbólicas) y con casi todas las ciudades del mundo, sobre todo los centros de gobierno, y no podrán comprender la sociedad costarricense pues sí encontrarán documentos que confirman una cultura en desarrollo. Detectarán que había una descomunal dicotomía entre lo que informan los escritos y lo que expresan las construcciones desenterradas.

Los gobernantes ticos, responsables de desarrollar programas con valor cultural arquitectónico y urbano, han demostrado absoluta ignorancia.

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