Guatemala. Nació el día que Guatemala cumplía 90 años como República; ahora él acaba de cumplir sus 90 años. Mario Monteforte Toledo es un viejo que goza de juventud.
La edad no le impide llevar una vida de intensa actividad, montar a caballo todas las mañanas y, por supuesto, escribir. Junto a Miguel Ángel Asturias, al poeta Luis Cardoza y Aragón, y a Augusto Monterroso, Monteforte Toledo es uno de los cuatro grandes de la literatura de Guatemala.
Entre los cuatro suman un siglo de vida en el exilio, y todos los honores literarios en los que se pueda pensar.
Los cuatro han trascendido las fronteras guatemaltecas. A diferencia de los otros tres, Monteforte hizo una fulgurante carrera política que comenzó en sus años de estudiante y se prolongó durante el gobierno progresista de Juan José Arévalo.
El político
Fue diputado nacional, presidente del Congreso y vicepresidente de Guatemala entre 1948-49, además de representar a su país como embajador ante las Naciones Unidas. Paradójicamente, tomó distancias con el Gobierno de Jacobo Arbenz, a pesar de la afinidad ideológica.
Monteforte se despidió de Arbenz y partió a un largo exilio. "Cometí mi error político más grande al irme. Cuando me fui, gran parte de la dirigencia intelectual también se retiró de la política. A Arbenz no lo eliminaron por comunista, esas son grandes mentiras. Su error fue ponerse a pelear con los Estados Unidos en plena Guerra Fría", comenta.
Durante su exilio en México, Monteforte fue plenamente aceptado en el mundo académico, pero en el ambiente cultural cargó durante más de tres décadas el estigma de ser extranjero. El retorno de la democracia a Guatemala lo hizo regresar.
"Es más doloroso el regreso que el exilio. Se encuentra uno con un país que lo rechaza por no haber estado ahí sufriendo con los que se quedaron, y porque uno tiene una manera diferente de ver el mundo. Eso no se lo perdonan a uno", dice.
Con Asturias
En 1971, en una entrevista, Monteforte se mostró contrariado porque se le hubiera otorgado el Premio Nobel de Literatura a Miguel Ángel Asturias. Treinta años después ha rectificado esa posición.
"Asturias era compañero de tragos de los revolucionarios, era de nuestro grupo, fuimos amigos de toda la vida, muy íntimos. Cuando le dieron el Premio Nobel, no pensé en el gran escritor que es, sino en el político sucio que fue. A la caída del dictador Ubico, un general trató de apoderarse del gobierno y fue al Congreso de la República para hacerse proclamar presidente. Llegando allí, Miguel Ángel Asturias lo recibió con un ramo de flores".
"Yo me equivoqué. ¿A cuenta de qué podía yo juzgarlo? Pablo Neruda me convenció que estaba equivocado; en una reunión con varios amigos nos dijo: '¿Por qué están ustedes juzgando a Miguel Ángel, si gente como él nace una vez cada cien años en un país como este?'".
Amor con odio
La situación presente de Guatemala lo agobia. Considera que el país está en manos de una burguesía "mediocre, cavernaria, ignorante y amoral", que frena su desarrollo y mantiene a la gran mayoría indígena sometida y empobrecida.
"Yo a Guatemala la quiero con odio. Me siento muy mal de vivir en un país tan deforme como este. Estoy aquí por una sola razón, porque creo que estoy haciendo algo, y en los países más grandes todo ya está hecho. Aquí he venido a hacer cosas útiles, cosas buenas", dice.
Veinte obras de narrativa y teatro, otros veinte libros de ensayo y miles de artículos sobre temas de arte, cultura y sociedad, lo hacen uno de los escritores más prolíficos de América Latina. Luego de haber recorrido el mundo entero, con excepción de Australia, Nueva Zelanda y Alaska, decidió, al cumplir 90 años, que nunca más saldrá de su país, y se dedicará a escribir sus memorias.
"No pretendo hacer unas memorias sociológicas, sin embargo, he sido testigo y protagonista, a lo largo de casi cien años, de pequeñas o de grandes cosas, y considero que es un deber mío dar a conocer ese testimonio. Pero estoy metido en el más serio problema literario que he tenido, porque escribir memorias es sujetarse a dos cárceles, la del olvido y la del recuerdo", concluye.
