Nació: 1809
Murió: 1860
Profesión: militar
Nacionalidad: costarricense, de origen salvadoreño

El más noble y generoso soldado de la gloriosa Campaña Nacional de 1856 y 1857 contra las fuerzas filibusteras que intentaban adueñarse de Centroamérica; el valiente militar que destacó en las batallas de Rivas y el río San Juan; el heroico guerrero que, sin tomar en consideración las nefastas consecuencias que podría tener sobre su salud, acompañó y ayudó al ejército costarricense azotado por la epidemia de cólera en su marcha a pie de regreso a nuestro país, tras los sangrientos combates en territorio nicaragüense; el amigo fiel que aun sin respaldar la aventura, acompañó al expresidente Juan Rafael Mora en su vano intento por retomar el poder en Costa Rica; el hombre superior que enfrentó al pelotón de fusilamiento con hidalguía sin igual y que supo en esos tristes momentos, al despedirse de sus familiares, pedir que no se cobrasen venganzas. Todo esto y muchas cosas más pueden decirse del General José María Cañas. Es por ello que su nombre está escrito en letras de oro en la Historia Patria.
Nació en Sonsonate, El Salvador. Dedicado a la carrera de las armas, formó parte del ejército liberal del general Francisco Morazán y alcanzó el grado de capitán. Vino a Costa Rica tras la derrota de las fuerzas morazánicas, y el presidente Carrillo lo nombró comandante de Moín, donde tuvo a su cargo la defensa de la costa atlántica amenazada por los zambos mosquitos. Fue administrador de la aduana de Puntarenas; en San José, donde desarrolló diversas actividades, ejerció el cargo de Intendente general. El presidente José María Castro lo ascendió a coronel, le encargo una misión diplomática en los países centroamericanos y lo nombró ministro de Hacienda y Guerra. Ejerció funciones de gobernador de Puntarenas durante la administración de don Juan Rafael Mora; como tal realizó una trascendental labor de progreso: a él se debió en gran parte la fundación del hospital, la instalación del faro e innumerables medidas beneficiosas.
El historiador don Rafael Obregón consigna que en la guerra contra los filibusteros de Walker, Cañas se distinguió por su valentía, su modestia y su magnanimidad: entre todos los generales centroamericanos fue el más querido por sus soldados a los que acompañó en los mayores peligros, el que estuvo con ellos hombro a hombro en los momentos más difíciles tanto de los combates como en los días de la terrible epidemia del cólera. Después de la Campaña Nacional, para armonizar diferencias entre Costa Rica y Nicaragua, gestionó la firma del tratado limítrofe Cañas-Jerez.Tras la caída de Mora retornó a El Salvador, y el presidente Barrios le nombró Comandante general del ejército. Renunció a ello para respaldar a don Juanito en su propósito de recuperar el poder en Costa Rica. Cuando el movimiento fracasó, Mora se entregó a sus enemigos para ser pasado por las armas, bajo la condición de que se respetara la vida de sus compañeros.
No obstante, incumpliendo tal promesa, el Gobierno ordenó el fusilamiento de Cañas, ignominiosa acción que se llevó a cabo en Puntarenas, el 2 de octubre de 1860.