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Comiendo se llega a Francia

La gloriosa gastronomía francesa cede algunos de sus platos a Le Petit Café, rincón discreto al que rondan aires de restaurante


      
     | JOSé DíAZ
| JOSé DíAZ

DESDE LA VITRINA del fondo, un rosado, grande y frío pastel de fresas nos hace ojitos; y, debajo de él, uno del mismo tamaño y temperatura (solo que de chocolate) perdió parte de su redondez por el antojo de un comensal; un escalón más abajo hay algo que tiene trozos de melocotón&...; ¿Será mal visto empezar por el postre?

Decidimos retardar los antojos chequeando el menú. En este momento nos percatamos de que, pese a su nombre, la oferta de platillos en Le Petit Café no es pequeña, y el lugar tampoco se limita a ser una cafetería. Es más, sería un desperdicio retirarse sin probar alguna sopa o crema, emparedado o tostada, crepes o quiches, ensaladas o plato del día; y, claro, de postre algo de la repostería.

Iniciamos nuestro recorrido gastronómico con un plato-emblema de la comida francesa: la sopa de cebolla. Pedimos también una crema de hongos y una porción de pan con ajo.

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