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Caso cerrado

El hundimiento de la autopista General Cañas era predecible y lo predijo un particular, con encomiable diligencia y sólidas razones técnicas

¿Cuánta prueba necesitan el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) y el Consejo Nacional de Vialidad (Conavi) para sincerarse con el país y admitir su falta de diligencia en el caso de la autopista General Cañas? Hasta ahora, insisten en atribuir lo sucedido a un caso fortuito, un impredecible arrebato de la naturaleza.

Según la narrativa oficial, las fuertes lluvias arrastraron un tronco hasta la boca de la alcantarilla por donde fluyen las aguas de la quebrada La Guaria, bajo la autopista. Nadie pudo haberlo previsto y, en consecuencia, a nadie se le puede asignar responsabilidad.

Como señala nuestro editorial de ayer, la explicación fue totalmente desacreditada por un estudio de Acueductos y Alcantarillados (AyA), hecho después del hundimiento de la vía. Lo sucedido debió ser previsto porque se debe al cambio en el uso del suelo, de acuerdo con el informe de AyA. Donde hace 50 años, cuando se instaló la alcantarilla, había cafetales capaces de absorber la lluvia, hoy existen industrias y zonas residenciales. La construcción impermeabiliza el suelo y aumenta la escorrentía dirigida a la alcantarilla, cuyo único destino era colapsar.

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