Archivo

Carlos Ramos, Porcionzón

Basta con verlo. La cara, el porte, el requiebre, la mirada, la pinta y ese toque tan suyo producen, aun en el más amargado, un relámpago que ilumina el rostro: la sonrisa. Él se jacta de haber reivindicado al “pachucazo” decente.

EscucharEscuchar
‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌