Archivo

Barrio chino sin chinos

Los barrios, las calles y las plazas, o tienen historia, o no son nada

La historia no se inventa ni se impone, solamente existe. La historia es lo que fue, no la que puede ser; la que se investiga y narra y nunca una ocurrencia que una persona extrae de la nada, que es, precisamente, lo que ha hecho mi apreciado amigo Johnny. Así, sin apellido, nombre que se ha ganado de tanto hacer, proponer y promocionar. Es Johnny, el señor alcalde de San José.

Quizá, algún día, tendremos el barrio Johnny. Igual que don José Luján que fue buen gobernador de esta provincia y, en su nombre, un barrio lleva su nombre: barrio Luján. Y digo esto, a pesar de que, como eventual candidato a la presidencia de la República, Johnny nunca me gustó. Tal vez demasiado joven, tal vez demasiado pachanguero, tal vez demasiado no sé qué. Y es que en política, existe el no sé qué, tanto de afecto como de rechazo, como lo es en el amor. De pronto te enamoras por un no sé qué de atracción.

Pues bien, el no sé qué de rechazo se me dio con Johnny. Pero de un tiempo para acá, como que me comienza a gustar, y pienso que es por lo que hace, por los bulevares, por las calle pavimentadas, por su intención de recuperar el centro de San José, tan abandonado por sus antiguos ocupantes y tan ocupado por sus nuevos depredadores. Y es que de las ciudades abandonadas su tragedia no es tanto su robo y destrucción material, como la sustracción de su propio espíritu. Que es lo que le sucedió a San José, que le robaron el alma y que, al parecer, quiere recuperar Johnny. Por eso me ha comenzado a simpatizar y lo miro ahora con un no sé qué de positivo y esperanzador. Mi amigo Johnny, el alcalde de San José y candidato, alguna vez, al honor de tener un barrio Johnny. Tal vez no estaría mal.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌