Lastenia Araujo es una gran desconocida que no tiene por qué serlo. Se la conoce lo suficiente en El Salvador, donde nació, ni en Costa Rica, donde colaboró con Repertorio Americano y expuso obras en el Teatro Nacional. Pero brillaba en medio de múltiples descubrimientos de la investigadora y escritora Elena Salamanca como una excepción en el mapa cultural de la época, así que había que seguir indagando.
El resultado es la exposición Lastenia Araujo Serpas. Una mano en la luz y otra en la sombra (Grabados 1936-1942), primera muestra monográfica de la artista. Abierta hasta el 14 de noviembre en el Centro Cultural de España (CCE), ofrece un vistazo a los lazos intelectuales entre mujeres de Centroamérica, la marginación histórica de algunas crea”doras y las posibilidades de reescribir los relatos que ofrecen nuevas investigaciones.
El interés de Elena Salamance por la figura de Araujo empezó hace década y media, indagando sobre exiliados salvadoreños durante la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez (1931-1944). Un entrevistado de la época en Costa Rica la reconocía entre los grandes artistas de su país en la época, junto a los conocidos José Mejía Vides y Miguel Ortiz Villacorta.
Luego, Salamanca la encontró en la lista de artistas de la Primera Exposición Centroamericana de Artes Plásticas, inaugurada el 12 de octubre de 1935 en el Teatro Nacional en San José. “Solo vinieron dos mujeres salvadoreñas, Ana Julia Álvarez, que era la única artista que aparecía activa en ese periodo junto a Lastenia de Artiñano”, señala la escritora.
¿De dónde salió Lastenia Araujo?
Buscando más datos en el Repertorio Americano, la insigne publicación intelectual que marcó época, encontró llamativos grabados de Araujo que demostraban no solo su creatividad visual, sino su energía política. Así, la incluyó en la exhibición Urdir la trama rota. Un siglo de mujeres en la cultura visual de El Salvador, 1921-2021.
“Nadie recordaba a Lastenia, haberla leído o haber tenido alguna referencia”, dice. “Los temas que ella trabajaba me parecían inéditos en la plástica salvadoreña, tanto de la producción masculina como de las mujeres”. Por ejemplo: su antiimperialismo, su postura a favor de la República española y la oposición a las dictaduras militares concurrentes en el Istmo de los años 30.
“Se burlaba, recurría a la ironía y también denunciaba la corrupción de los funcionarios centroamericanos. En ese momento vivía en Costa Rica, aunque había pasado toda su vida en El Salvador antes de mudarse en 1935. Eso le permitía tener una perspectiva de ambos países”, explica Salamanca.
Era la época de las dictaduras de Jorge Ubico en Guatemala, Hernández Martínez en El Salvador, Tiburcio Carías Andino en Honduras y Anastasio Somoza García en Nicaragua. “Ella escribía con mucha ironía sobre la corrupción de los funcionarios y la militarización del istmo centroamericano. No conozco a ninguna otra mujer que hablara de esos temas en aquella época, ni tampoco a ningún hombre [preocupados por los nacionalismos o los indígenas]”, dice.
“Esa movilidad entre países y el hecho de que ella publicara en una de las revistas más importantes de Hispanoamérica en ese momento me parecieron sobresalientes. Consideré que era una figura notable y que había que seguir estudiándola”, señala Salamanca.
“Así fue como localicé 32 grabados, un óleo y algunos textos. Al mismo tiempo, en Costa Rica, Sussy Vargas y Susana Sánchez Carballo también estaban estudiando esos grabados para Cronologías de lo invisible [extenso proyecto de arte histórico de mujeres en el país]”, destaca.
De este modo, Lastenia Araujo vuelve a la palestra a 90 años del inicio de la Guerra Civil española y 90 años de su última exhibición en Costa Rica.
¿Qué sucedió después?
Lamentablemente, muchos eventos privados hacen que se nos pierda la pista de Lastenia Araujo después de aquellos años, aunque sus descendientes viven en Costa Rica. Una separación y problemas personales que quedan por discernirse ocultan su rastro posterior.
“Ella pintó óleos y acuarelas en El Salvador. Sé que siguió pintando después de la década de 1940, pero no tenemos acceso a esas obras”, dice Salamanca. “En El Salvador tendría que haber al menos dos obras suyas en alguna colección vinculada al patrimonio estatal desde los años treinta, pero no he podido localizarlas”.
En Costa Rica, Susana Sánchez y Susana Vargas encontraron una pintura en la colección del Museo de Arte Costarricense. “Además, su familia conserva una pintura que está en manos de su nieto. Ahora que tenemos contacto con ellos, han intentado rastrear quiénes podrían tener obras de su abuela, pero no han logrado localizarlas”, dice Salamanca. Los familiares de Araujo, precisamente, visitaron la charla de apertura de la exposición en el CCE, y según cuenta la curadora, también fue una revelación para ellos.
Pero con lo que tenemos en la muestra, encontramos a una artista que trabaja con el grabado como herramienta política. En particular, la oposición a la mentalidad militar y al avance del fascismo en Europa marcan piezas rabiosas, molestas con lo que se asume como normal a su alrededor.
“Debió influir el hecho de que Costa Rica fuera un país receptor de exiliados republicanos, algo que no podemos identificar de la misma manera en El Salvador. Es más fácil reconocer como países receptores a México, Argentina y Costa Rica. Pienso que eso también tiene que ver con la preocupación por el avance de la guerra”, considera Salamanca sobre Araujo y otras artistas e intelectual.
“Después de la Primera Guerra Mundial, que terminó en 1919, existía el temor de que estallara otro conflicto. La guerra civil española fue precisamente el conflicto que volvió a encender esa preocupación y evidenció que la guerra podía extenderse de nuevo”, dice. “Si a eso le sumamos el contexto de cinco países centroamericanos gobernados por presidentes militares que habían llegado al poder mediante golpes de Estado o de facto, sí, creo que había una preocupación entre las autoras”.
En lo formal, hallamos a una creadora interesada por las vanguardias de la época, que utiliza la materia misma del grabado como parte de su expresión, siempre punzante y directa. Es una obra sugerente, que corta, que mueve hoy, aunque el contexto parezca engañosamente lejano.
“Es muy interesante ver cómo su obra puede hablarnos en el presente. Hay que contextualizarla, por supuesto, y entender su importancia, así como las razones por las que representó una ruptura, tanto en su trayectoria como pintora como frente a las ideas de otros artistas más conservadores”, explica Salamanca.
Pero también conversaba con sus pares intelectuales en Costa Rica, como Emilia Prieto, cuya obra también ha sido reevaluada recientemente. Es, como todo redescubrimiento, una experiencia agridulce, cargada de “qué hubiera pasado si...” y “dónde habrá más...”. Con lo que hay, queda claro: Lastenia Araujo Serpas vivió, pensó, creó e impresionó desde Costa Rica hasta El Salvador, y nos convoca a apreciarlo en esta exposición histórica.