Áncora

José León Sánchez, el escritor con una vida de novela

José León Sánchez fue recluido en San Lucas siendo un joven huérfano acusado de un crimen terrible y salió transformado en escritor, en novelista, lo cual es por sí mismo milagroso

05/04/2019. Isla San Lucas, Puntarenas. Actividad para la reactivación de la Isla San Lucas con la presencia de la Primera Dama, Claudia Dobles, y representantes del MINAE y del ICT. En la foto: El escritor José León Sánchez visitó la isla junto a representantes del gobierno y narró la historia de sus años de prisión. Foto: Albert Marín.
05/04/2019. Isla San Lucas, Puntarenas. Actividad para la reactivación de la Isla San Lucas con la presencia de la Primera Dama, Claudia Dobles, y representantes del MINAE y del ICT. En la foto: El escritor José León Sánchez visitó la isla junto a representantes del gobierno y narró la historia de sus años de prisión. Foto: Albert Marín. Albert Marín.

Desde el esplendor de Tenochtitlan partió una misión hacia la región de los grandes lagos, eso que hoy conocemos como Centroamérica; entonces, guerreros, sabios, jóvenes arribaron a unas llanuras cercanas al gran río, Cucaracho de Río Cuarto de Grecia, un sitio anacrónico, un lugar en el cual la vida se entrelaza con la ficción, una zona en la que la realidad pasa a ser mentira y pasa a ser leyenda.

Si su propia vida es de por si literaria, el escritor costarricense José León Sánchez además la quiso unir a viajeros aztecas en momentos poderosos del imperio mexicano, antes de la caída de la gran ciudad en manos de Hernán Cortés, antes de pasar a ser vencidos, esa condición desde la cual él veía y comprendía el ancho mundo, sus luces, sus miserias y sus tribulaciones.

Al menos tres libros suyos ocupan un lugar de relevancia en la historia de la literatura costarricense: La isla de los hombres solos (1963), Tenochtitlan (1986) y Campanas para llamar al viento (1989). El primero de ellos es un documento de barbarie sobre las condiciones infernales en las que vivieron los reos en el presidio de isla San Lucas, un campo de tortura sembrado en el Golfo de Nicoya, a pocos kilómetros de Puntarenas, donde iban a parar los peores criminales de Costa Rica desde que Tomás Guardia aboliera la pena de muerte.

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