Áncora

El ‘Tartufo’, de Molière, en el Teatro Nacional: En busca de la excelencia

En 1964, la versión costarricense de la famosa pieza teatral fue aplaudida por la crítica de la época. Fue “ceremonial, coreográfico, simétrico”, expresó Alberto Cañas aquella vez

Tartufo
La Nación, 22 de mayo de 1964, p. 44

No fue sino hasta mayo de 1964 que los grupos teatrales costarricenses fueron de nuevo tentados por el genio de Molière y decidieron abrir fuegos con Tartufo. El Teatro Universitario, con su director Lucio Ranucci, se había atrevido once años antes con El avaro, que estrenó el domingo 8 de noviembre de 1953, fecha histórica para nuestra democracia, porque ese día, en horas tempranas, se había llevado a cabo el traspaso de poderes de Otilio Ulate Blanco a José Figueres Ferrer.

La velada de esa noche se anunció como “Función de Estado” y se había cursado invitación al presidente de la República, a las honorables delegaciones extranjeras, al cuerpo diplomático y a funcionarios de gobierno. Sin embargo, el público “de a pie” también podía asistir. Los boletos en palco de galería costaban ₡5.25 y los de galería general ₡3.25.

Casi resulta un lugar común decir que Tartufo es una pieza imprescindible. Lenín Garrido, un molierista consumado, sabedor de que justamente en mayo de ese año se conmemoraban los trescientos años de su estreno en París, rompió el largo silencio y, con el Teatro Arlequín, lo llevó al escenario del Teatro Nacional el 22 de mayo de 1964, con un elenco de lujo: José Trejos, Flora Marín, Ana Poltronieri, Guido Sáenz, Anabelle de Garrido, Mary Ann Piza, Óscar Castillo, Óscar Argüello, Enrique Granados, Daniel Gallegos, Rosario Vega y el propio director quien se reservó un papel.

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