Opinión

Escultor tico en Estambul

Actualizado el 04 de agosto de 2017 a las 10:00 pm

El dinámico escultor José Sancho sabe observar, ver, escudriñar y descubrir

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Escultor tico en Estambul

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El arte escultórico del artista costarricense José Sancho se expone en el Museo Pera de Estambul, Turquía. Gran privilegio para Costa Rica y enorme como merecido privilegio para él. En esa ciudad repleta de mezquitas, cuyas cúpulas culminan con la luna en cuarto menguante ensartadas en la punta de una aguja. Ahí, donde se asentó el Imperio bizantino, expone sus obras con singular éxito nuestro notable y veterano escultor José Sancho.

Artista de siempre, quien descubrió su vocación cuando la vida le dio las razones apasionadas y legítimas para entrar de lleno en la misión de crear, de hacer arte. Lo que sigue es disciplina e historia.

Hoy, en tiempo presente, Sancho es un auténtico y formidable escultor. Es ya larga su etapa de descubrimientos en la cual, aprovechando trozos o artículos de metal de muy diversa índole, emergen pájaros volando o toda clase de fantásticas figuras de corazón latente. El escultor sabe lo que tiene en sus manos y hace tiempo lo comprende.

Creatividad. José Sancho aprovecha la amplitud de su imaginación y de su capacidad creadora para cortar las angostas láminas de acero convertidas en resortes empalmados, que viajan debajo de nuestro asiento cuando vamos en automóvil y unirlas de acuerdo con lo que su sensibilidad le dicta.

Así, nos aparecen pájaros volando u otras figuras salidas de ese misterioso e incomprensible fenómeno que conocemos como solvencia creativa. Es esa especie de raro y enigmático proceso: trabajo, lo mágico y lo espiritual.

Tal es el caso de este gran artista costarricense José Sancho quien tiene, no solo un gran talento creativo, sino también una capacidad asombrosa para transformar poéticamente un rudimentario trozo de metal en un ave que vuela y que, de repente, hasta creemos oírla cantar.

El dinámico Sancho sabe observar, ver, escudriñar y descubrir. Cada instante le ofrece las pausas y los silencios necesarios para que un artista como él pueda desentrañar lo que está detrás de todas las cosas, sean estas inmóviles o se muevan como todos los seres vivos, o vuelen como las aves.

Comprensión. Subrayo esta curiosa particularidad sanchista porque lo he observado, y siempre me ha intrigado esta acción suya. Pero ha sido con el tiempo, los años de amistad con este artista genuino, que lo comprendo mejor y disfruto mucho más su metódica contemplación, tanto como su resultado. El escultor sabe descifrar, con sabiduría, eso que irradia el “modelo” para luego trasladar esa información al trozo de metal o madera que irá adquiriendo su material para, finalmente, encontrar la vida.

La ecuación parece tan simple. Años, muchos años de la vida de un creador, son imprescindibles para descubrir el movimiento exacto, tan exacto como inevitable, de la mano con la gubia que recibirá el golpe del mazo…

El autor es exministro de Cultura.

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