Opinión

EDITORIAL

Cuatro elecciones alentadoras

Actualizado el 29 de octubre de 2015 a las 12:00 am

Los vientos de cambio positivo soplan con fuerza en Argentina, que tendrá una segunda vuelta

Los procesos en Guatemala, Colombia y Haití también llaman a un moderado optimismo

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Cuatro elecciones alentadoras

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Cuatro países de América Latina –Argentina, Colombia, Guatemala y Haití– acudieron a las urnas el domingo, en procesos que, con grandes diferencias en su índole, circunstancias y protagonistas, transcurrieron con normalidad, reafirmaron la vigencia de la democracia y, en tres de ellos, produjeron resultados esperanzadores.

En Argentina, la tendencia kirchnerista dentro del peronismo, liderada por la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, sufrió un triple revés. Su “sucesor”, Daniel Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires, al que las encuestas mostraban como gran favorito, quedó muy por debajo del mínimo necesario para ganar. Con poco menos del 37% de los votos, apenas superó en dos puntos porcentuales y medio a Mauricio Macri, alcalde capitalino y candidato del movimiento Cambiemos, con quien deberá medirse en una segunda vuelta el 22 de noviembre.

Quizá más importante, por ser una realidad consolidada, fue el fracaso de Aníbal Fernández, jefe de gabinete presidencial, en sus pretensiones de sustituir a Scioli. En su lugar, María Eugenia Vidal, vicealcaldesa capitalina y figura emergente de Cambiemos, fue elegida gobernadora de la provincia más populosa e importante del país, que había estado en manos del peronismo por casi dos décadas. Además, aunque el oficialismo mantuvo una holgada mayoría en el Senado, la perdió en la Cámara de Diputados, donde pasó a convertirse en la primera minoría.

Si Macri triunfa en la segunda ronda, los saludables vientos de cambio que soplan en Argentina se consolidarán en la cabeza del ejecutivo. Pero incluso si ganara Scioli, será inevitable una corrección del pésimo rumbo económico y la política exterior del peronismo kirchnerista. Tras el domingo, la presidenta emergió como una figura mucho más débil de lo que se creía, y perderá capacidad de maniobra futura. Esto hará que Scioli, si llega a sucederla, se sienta más libre para definir su propio rumbo, que sería más sensato. Y con otros sectores políticos (incluido el peronismo moderado) en ascenso, las instituciones argentinas ganarán en independencia y solidez.

En Guatemala, el excomediante Jimmy Morales duplicó en la segunda vuelta los votos de su contendora, la ex primera dama Sandra Torres. A pesar de un abstencionismo cercano al 45%, llegará al poder con un gran capital político personal, pero también severas debilidades: su total falta de experiencia gubernamental, la ausencia de un plan de trabajo, un equipo apenas en formación y un partido –el Frente de Convergencia Nacional– que constituye la cuarta fracción en un Congreso sumamente fragmentado.

Si Morales logra superar tan grandes desafíos políticos, es posible que Guatemala, aún estimulada por la ola de participación ciudadana que condujo a la renuncia del presidente Otto Pérez Molina y con impulso de la comunidad internacional, pueda inaugurar una nueva etapa en su desarrollo institucional. Por el momento, el entusiasmo es grande, y tanto los acontecimientos previos a las elecciones como la normalidad de estas abren motivos de esperanza. Pero el pronóstico se mantiene reservado.

Por haber sido locales, las elecciones en Colombia poseen matices múltiples en cuanto a su significado; además, no alterarán de inmediato el rumbo de la política nacional. Sin embargo, revelan una tendencia muy estimulante: el debilitamiento de los partidos de izquierda –particularmente el Polo Democrático– y del Centro Democrático, del expresidente Álvaro Uribe, que ha insistido en descarrilar las negociaciones de paz impulsadas por el mandatario Juan Manuel Santos. En su lugar, ganaron terreno, incluida la poderosa alcaldía de Bogotá, los partidos de la coalición que lo apoya, lo cual augura buenos pronósticos para la aplicación local de los eventuales acuerdos.

En Haití, por ahora, lo único que puede destacarse es la normalidad y carácter pacífico de los comicios, algo muy positivo en un país tan marcado por la violencia. Los resultados preliminares estarán disponibles a mediados de la próxima semana. Con 52 candidatos a la presidencia, será inevitable una segunda vuelta; además, se elegían 142 alcaldías y 25 puestos para diputados que quedaron pendientes de una convulsa elección legislativa a finales del pasado año.

Cambio para bien en Argentina, aunque aún inconcluso en sus repercusiones finales. Posibilidad de una renovación institucional en Guatemala. Refuerzo del centro político en Colombia. Normalidad en Haití. El balance es positivo y el instrumento para alcanzarlo, la democracia, de nuevo ha mostrado su eficacia y legitimidad. El camino de América Latina hacia el futuro nunca será rectilíneo, pero estos casos demuestran que sí se puede avanzar mediante el respeto de la voluntad popular en elecciones abiertas y competitivas.

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