| EDITORIAL

Financiamiento externo

Puestos a escoger entre emitir deuda en el mercado local a corto plazo en colones, o en dólares en el mercado internacional, resulta más favorable incursionar en el exterior

La prudencia aconseja que cualquier sustitución de deuda interna por obligaciones externas deberá ser moderada y de carácter temporal mientras se tramitan las reformas fiscales de fondo

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La Comisión de Asuntos Económicos de la Asamblea aprobó la semana pasada un proyecto de ley para permitir al Gobierno emitir bonos soberanos hasta por la suma de dos mil millones de dólares en el exterior (unos 1.008.000.000 millones de colones al tipo de cambio actual), en plazos que oscilen entre cinco y treinta años. ¿Debe el plenario legislativo ratificar esta iniciativa en vista de la coyuntura económica internacional, el déficit fiscal del Gobierno central, la deuda pública acumulada de Costa Rica, el nivel de las tasas de interés en colones y el monto de reservas del Banco Central?

La respuesta es sí. Aunque el Poder Ejecutivo haya mostrado hasta ahora un interés apenas moderado en el proyecto, la Asamblea Legislativa debe aprovechar la presente coyuntura para aprobarlo aceleradamente y permitir la captación de recursos externos por el monto y los plazos señalados. En economía, las oportunidades hay que aprovecharlas cuando están; después, podría ser muy tarde o, simplemente, las condiciones favorables se podrían deteriorar y costarle más al país. Aun así, se impone observar una nota de cautela.

Efectivamente, la coyuntura económica y financiera internacional es muy propicia para estos propósitos. Aunque desde otros puntos de vista se ha deteriorado significativamente y resulta desfavorable para el crecimiento de la producción mundial y las exportaciones de bienes y servicios de países en desarrollo como el nuestro, resulta muy favorable desde la óptica del costo de captación de recursos financieros habida cuenta de las bajas tasas de interés de títulos de deuda emitidos por los países desarrollados, principalmente EE. UU. y la Unión Europea, y el renovado apetito de los inversionistas por las oportunidades en mercados emergentes.

Los rendimientos de los títulos emitidos a corto plazo por la Reserva Federal en los Estados Unidos (FED, por sus siglas en inglés) oscilan entre 0 y 0,25% (negativas en términos reales), y las tasas fijadas por el Banco Central Europeo (BCE) apenas llegan al 1%. Otros títulos americanos a plazos mayores oscilan entre 1,93% y 3% a 10 y 30 años plazo, la tasa Libor está en 0,75% y la denominada prime rate en 3, 25%. Por otra parte, ciertos títulos de largo plazo emitidos por el Gobierno en dólares, como los denominados ‘b de 13’ y ‘b de 20’ ostentan tasas faciales más altas, del 10% y 8%, pero los rendimientos en el mercado son de 2,46% y 4,80%, respectivamente, mientras que las tasas de captación en colones en el mercado local son mucho más altas. La tasa básica pasiva que calcula el BC se ha elevado a un 9%.

Puesto el Gobierno a escoger entre emitir deuda en el mercado local a corto plazo en colones o, alternativamente, en dólares en el mercado internacional, resulta más favorable incursionar en el exterior, como han hecho otros países con calificaciones similares a la del nuestro. Según informamos en nuestra edición del jueves anterior, países como El Salvador, Panamá, Perú y Uruguay han logrado flotar algunas emisiones exitosamente, con rendimientos efectivos menores a la tasa básica pasiva en el mercado costarricense. Allá los plazos son largos (en el mercado nuestro tienden a ser menores) y, además, no se presionarían al alza por la alta participación que tienen en el mercado el Gobierno y el Banco Central. Así, podrían reducirse un poco las tasas de interés, con el consiguiente alivio a los deudores costarricenses y el incentivo a nuevos deudores para emprender actividades reproductivas. El riesgo involucrado es manejable, habida cuenta de la relativa estabilidad cambiaria y el nivel de reservas del Banco Central.

En apoyo de esta opción podemos agregar que la deuda externa costarricense no resulta muy elevada en la actualidad, comparada con estándares internacionales (aun sin incluir los altamente endeudados como Grecia, Italia y EE. UU.) y que perfectamente puede incrementarse un poco sin aumentar significativamente el riesgo país. La deuda interna, en cambio, ha venido aumentando y ha sido recalificada a la baja por las calificadoras internacionales, como Standard & Poor´s. Recomponer la deuda total, con una mayor participación de obligaciones externas en vez de incrementar la deuda en moneda nacional, alargando plazos de vencimiento y el costo mensual de su respectivo servicio, puede ser una medida apropiada mientras se resuelve el problema de fondo de las finanzas públicas, que ha caído en un verdadero impasse . Y esta es la primera nota de cautela. La segunda es que un incremento de la deuda externa y el incremento consecuente de la oferta de divisas en el mercado local podrían imponer alguna presión sobre el tipo de cambio. La prudencia aconseja que cualquier sustitución de deuda interna por obligaciones externas deberá ser moderada y de carácter temporal mientras se tramitan las reformas fiscales de fondo, incluyendo la reforma salarial en el sector público, según recomendamos en un editorial anterior.

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Noticia La Nación: Financiamiento externo