Por: Luis Mesalles 19 septiembre, 2015

Al celebrar la independencia, el 15 de setiembre de cada año, los ticos nos llenamos de júbilo. Nos volcamos a las calles en desfiles con ruidosas bandas, coquetas bastoneras y originales farolitos. Comemos lo “típico” y nos vestimos de rojo. Cantamos el himno y La patriótica con gran orgullo de ser costarricenses.

Pocas veces, sin embargo, nos detenemos a pensar lo que en realidad celebramos. Son 194 años de independencia. Pero ¿independencia de quién o de qué? ¿Es tan importante esa independencia como para conmemorarla tantos años después?

Los libros de historia nos dicen que un 15 de setiembre de 1821 un grupo de hombres firmó un acta en Guatemala, que nos declaraba independientes del Reino de España. Esto significaba que, a partir de ese momento, no estaríamos sujetos a las órdenes del rey español. De ahí en adelante, nosotros decidiríamos nuestro destino, estableceríamos nuestras propias leyes bajo las cuales convivir, sin que “ellos” nos dictaran cómo hacerlo.

“Ellos” eran aquel gobierno español que se dedicó a extraer todo lo que pudo de los recursos naturales de que disponían sus colonias, sin devolverles a cambio leyes, justicia, protección o infraestructura que mejorara su calidad de vida. El descontento de los residentes de la colonia fue aumentando contra sus gobernantes, sin que estos respondieran, hasta que llegó el punto de quiebra.

Con la independencia, llegó la oportunidad de cambiar el gobierno de “ellos” por el de “nosotros”. Nosotros escogeríamos a nuestros gobernantes y decidiríamos qué tanto poder darles, cuánto pagar en impuestos y qué servicios exigir a cambio.

Las reglas de convivencia las pondríamos nosotros; ya no serían impuestas desde fuera.

Con la independencia se buscaba erradicar la práctica de un gobierno discriminatorio, que favorecía a unos pocos (el rey de España y sus aliados), en contra de la gran mayoría (costarricenses en la colonia).

Se trataba de no caer de nuevo en las políticas extractivas, mediante las cuales los gobiernos le sacaban al pueblo más de lo que le devolvían. La independencia nos dio la oportunidad de ser libres, no siervos menguados, para así tomar nuestras propias decisiones.

Esa libertad ganada al independizarnos es motivo suficiente para seguir celebrando tantos años después. Pero no significa que podemos descansar en nuestra búsqueda de esa libertad, que aún no es completa.

La tentación de los gobernantes de dar trato especial a unos cuantos, en detrimento de la gran mayoría, sigue ahí.

*) Luis Mesalles obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada. Participa en varias juntas directivas. Anteriormente, fue vicepresidente de la Junta Directiva del Banco Central de Costa Rica, presidente de Academia de Centroamérica, profesor en la Universidad de Costa Rica y en la Universidad Stvdium Generale.