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Actualizado el 13 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

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La producción, que de por sí ha estado creciendo poco, se está desacelerando. Luego de llegar a un pico en mayo, el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) ha venido creciendo cada vez menos. Si bien se puede achacar una parte al inicio de la salida de la producción manufacturera de Intel, aun sin contar la producción de zona franca se nota menos crecimiento.

Otra parte de la culpa la tiene el lento crecimiento de la economía mundial y la depreciación del dólar y del euro con respecto a las monedas de otros países emergentes. La política monetaria expansiva de Estados Unidos y la zona euro, que implica una fuerte baja de las tasas de interés, provoca que los inversionistas lleven sus capitales hacia países como el nuestro. El exceso de divisas hace que nuestras monedas se aprecien, y que nuestras exportaciones sean menos atractivas.

La apreciación real del colón también está determinada por la inflación de precios en nuestro país. Aunque la inflación ya no está por encima de 10%, que fue la norma por muchos años, sigue siendo mayor que la de nuestros socios comerciales.

Eso significa que los costos de producir en Costa Rica suben más rápido que los costos en otros países. De ahí que vayamos perdiendo competitividad año con año, y que el potencial de crecimiento sea menor.

El nivel de las tasas de interés reales es otro aspecto a considerar. Recientemente, ese nivel no ha estado tan alto, pero, cuando se analiza la situación fiscal, el futuro no se ve tan positivo. De hecho, el precio de los bonos externos de Costa Rica ya refleja lo que parece ser una realidad a muy corto plazo: las calificadoras de riesgo nos bajarán la nota. Eso significa mayores tasas de interés en el horizonte y, por ende, menos inversión y menos producción.

El Gobierno ha anunciado que su estrategia para sanear las finanzas públicas estará basada, casi exclusivamente, en aumentar la carga tributaria. Eso significa menos dinero disponible en el bolsillo de los costarricenses, y más en manos del Gobierno.

A sabiendas de todo lo que nos dijo don Luis Guillermo en su discurso de los 100 días, existen pocas probabilidades de que ese dinero adicional que piensa recoger se traduzca en mejores servicios públicos, o en mejores condiciones para que la economía crezca.

Si en el horizonte se ven amenazas a la estabilidad de precios (inflación, tipo de cambio y tasas de interés), el potencial de crecimiento del país se reducirá aún más. Si tampoco se vislumbra un plan agresivo de mejora de la calidad del gasto fiscal, ni una política clara que propicie un mejor ambiente para el surgimiento de nuevos emprendimientos o más inversiones dentro del país, es muy difícil esperar que la economía crezca mucho más de lo que ha venido haciendo hasta ahora.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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