4.000 obreros trabajan en jornadas de hasta 12 horas diarias para completar la obra que empezará a operar a inicios del 2016

 14 octubre, 2015
La planta hidroeléctrica Reventazón, en Florida de Siquirres, Limón, estaría terminada en el verano del 2016. La obra del ICE servirá para abastecer de electricidad a 525.000 hogares costarricenses. | ALONSO TENORIO
La planta hidroeléctrica Reventazón, en Florida de Siquirres, Limón, estaría terminada en el verano del 2016. La obra del ICE servirá para abastecer de electricidad a 525.000 hogares costarricenses. | ALONSO TENORIO

Siquirres, Limón

En medio del cañón del río Reventazón, en el Caribe costarricense se levanta una gigantesca estructura de cemento que, al terminar su construcción, será la mayor planta hidroeléctrica de Centroamérica.

El Proyecto Hidroeléctrico Reventazón, la segunda mayor obra de infraestructura en el istmo, después del Canal de Panamá, aportará 305,5 megavatios de electricidad a una de las matrices energéticas más limpias del mundo.

La planta, rodeada de selva y pequeñas propiedades agrícolas en la localidad de Siquirres, 100 kilómetros al este de San José, generará suficiente energía para 525.000 familias, en este país de casi cinco millones de habitantes, que con su construcción dará un paso hacia su meta de alcanzar una matriz 100% renovable.

Unos 4.000 obreros trabajan en jornadas de hasta 12 horas diarias, noche y día, para completar la obra a a tiempo para comenzar a funcionar en 2016.

La obra, a cargo del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y valorada en $1.379 millones, impresiona por sus colosales dimensiones para un territorio pequeño como el costarricense, donde formará un espejo de agua de 700 hectáreas.

Se requirieron 29.000 toneladas de acero y 760.000 metros cúbicos de concreto, suficiente para pavimentar una carretera de 195 kilómetros a cuatro carriles.

El ingeniero Luis Roberto Rodríguez, director del proyecto, indicó que los trabajos van acorde con el cronograma para comenzar a funcionar en marzo de 2016.

La hidroeléctrica ha sido destacada como un ejemplo de desarrollo sostenible y como un modelo financiero para obras estatales que se hicieron sin comprometer fondos estatales.

"El proyecto del Reventazón es uno de los mejores proyectos hidroeléctricos que hemos visto en América Latina", comentó a la agencia AFP el argentino Gian Franco Carassale, oficial de inversión de la Ddivisión de Infraestructura del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Destacó los esfuerzos del ICE por mitigar el impacto ambiental generado por la construcción en la cuenca del río, incluyendo el compromiso de dejar intactos otros ríos de la zona con potencial energético, y el modelo financiero, con un mínimo de compromiso de fondos estatales.

"Costa Rica es uno de los pocos países en el mundo que se estableció el objetivo de alcanzar una matriz energética carbono neutral. Reventazón es un paso más en esa dirección", señaló Carassale.

Aún así, las dimensiones de Reventazón están lejos de hidroeléctricas faraónicas como Itaipú, en la frontera Brasil-Paraguay, con capacidad instalada de 14.000 megavatios, o la china Tres Gargantas, de 22.500 megavatios.

El país centroamericano proyecta en 2015 tener 97,1% de su matriz energética renovable, y solo 2,9% térmica.

En ello sobresalen las fuentes hidráulicas, con 66,39% del total, seguida de la geotérmica (15,2%), eólica (7,26%), biomasa (0,83%) y solar (0,01%).

Entre el 22 de diciembre y el 16 de marzo pasados, el país mantuvo 85 días seguidos con energía 100% renovable, un hecho que llamó la atención de la comunidad internacional.

Alan Retana, responsable del área ambiental, precisó que el proyecto contempla 140 medidas de control ambiental, incluyendo la garantía de un caudal mínimo de 40 metros cúbicos de agua en el río después del embalse para garantizar la vida de las especies que dependen del afluente.

Al mismo tiempo, el proyecto creó una área forestal para conectar dos masas boscosas en el entorno de la represa, una medida crucial para la sobrevivencia de los jaguares, una especie amenazada y el mayor felino de las Américas, que contará con un espacio mayor para su desplazamiento, según Retana.

Después de cinco años de operaciones, está programada una evaluación biológica para determinar el impacto que la represa tuvo sobre la vida silvestre de la zona.

El proyecto también estableció un mecanismo financiero innovador, que para el especialista del BID, Carassale, "pone al ICE en la vanguardia de sistemas de financiamiento y que permite apalancar recursos del sector privado sin un apoyo sustancial del gobierno".

El costo total del proyecto se obtuvo de un aporte de 152,5 millones de dólares del ICE, una línea de crédito del BID por 97,8 millones y un crédito conjunto del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y el Banco Europeo de Inversiones por 225 millones.

Otra parte del financiamiento, por 468,7 millones de dólares, se obtuvo de un fideicomiso administrado por el canadiense Scotiabank con aportes de los locales Banco Nacional, Banco de Costa Rica, Banco Popular y Bancrédito.

Los restantes 435 millones de dólares fueron aportados por la Corporación de Financiamiento Internacional del Banco Mundial y el BID.