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Opinión: Ojos de luz de un niño haitiano

Actualizado el 10 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

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Opinión: Ojos de luz de un niño haitiano

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Por eso trasciende. Por eso el fútbol es más, mucho más que una competencia deportiva. Porque retrata a los seres humanos y, ya sea en la cancha o en el entorno, hace que surjan las emociones, las buenas actitudes, los pequeños detalles, los sentimientos a flor de piel. Por eso trasciende.

Al final del partido entre Haití y Costa Rica en Puerto Príncipe (0-1), la televisión mostró cómo un niño haitiano se interpuso tímidamente en el rumbo que seguía Joel Campbell hacia el vestuario. Y le pidió la camiseta al delantero de la Selección Nacional, quien de inmediato se desprendió de su casaca, se la puso al pequeño y acarició su cabecita.

Feliz, con una sonrisa que se dibujaba diáfana en el relieve de su semblante de ébano, el chico no sabía qué hacer ni para dónde agarrar. Caminó unos metros, alucinado e incrédulo, mientras vestía la pieza de tela y sudor, su auténtico galardón.

Se le notaba también cierto temor de que, de pronto, alguien se la arrebatara. Bien se dice que la felicidad no existe; no obstante, aquel rostro infantil era un vivo retrato del júbilo.

Entrevistado a raíz de su noble gesto, las palabras de Joel fueron elocuentes. El futbolista reflexionó sobre lo que él y sus compañeros habían observado en la estadía de la Tricolor en suelo haitiano. Y refirió con admiración cómo el niño y tantos habitantes del país más pobre de América, encontraban motivos de alegría en detalles mínimos, mientras que, de pronto, en Costa Rica no sabíamos apreciar las ventajas que aquí tenemos.

La tierna escena entre Campbell y el niño haitiano nos lleva a reflexionar, una vez más, sobre la obligación de los referentes del deporte y, en general, de la sociedad, de responder con humildad y buen grado al requerimiento de quienes los admiran. De más está decir que un artista o un deportista se deben al público que disfruta y aplaude sus actuaciones.

Por eso nos emocionó esa buena acción de Joel.

El destacado legionario puede estar seguro de que, en adelante, cada vez que el chico haitiano lo vea jugar a través de la televisión, evocará su inolvidable vivencia. Y, llenos de luz, sus ojos grandes y expresivos… destilarán gratitud.

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