15 diciembre, 2015
Felicitas Rohrer, de 31 años, le reclama a Bayer el pago de 200.000 euros por daños y perjuicios.
Felicitas Rohrer, de 31 años, le reclama a Bayer el pago de 200.000 euros por daños y perjuicios.

Willstätt, Alemania

Felicitas Rohrer se enfrentará el jueves al laboratorio Bayer en un juicio simbólico en Alemania, acusándolo de haber puesto en peligro su vida con Yasminelle, un anticonceptivo oral.

Las sospechas contra las píldoras de tipo Yasmin —que engloban Yasminelle y Yaz—, con base a la hormona drospirenona, ya costaron a Bayer casi $2.000 millones en Estados Unidos, que pagó a unas 10.000 mujeres para evitar juicios largos y costosos.

Ahora este laboratorio insignia de la industria alemana afronta el mercado doméstico.

Rohrer, de 31 años, le reclama 200.000 euros por daños y perjuicios. "El dinero no puede reparar lo que yo y otras mujeres hemos vivido. Lo que deseo realmente es justicia", insiste la joven que vive en Willstätt (sur). Quiere, sin hacerse ilusiones, que el laboratorio "lo retire del mercado".

Ella padece embolia pulmonar y toma un tratamiento anticoagulante que rebaja sus posibilidades de tener hijos. Pierde el aliento y cuando viaja en carro debe ponerse medias de contención. Era veterinaria pero ahora trabaja de periodista para no tener que cargar pesos.

Rohrer gozó de salud hasta junio de 2009, cuando después de 20 minutos de paro cardíaco los médicos de urgencia encontraron en sus pulmones coágulos de sangre que atascaban las venas.

"Los médicos no se creían que una mujer de 25 años pudiese sufrir de repente una embolia pulmonar", cuenta. Una vez finalizado el examen, "el diagnóstico descartó otra causa que no fuera la píldora".

El grupo de ayuda mutua creado por ella recogió unos 1.250 testimonios de mujeres con efectos secundarios similares.

Rohrer es la primera enferma en Alemania que ataca a Bayer en justicia. Le reprocha no haber informado lo suficiente en el prospecto de los riesgos de tromboembolismo asociados a Yasminelle.

El juicio arranca el jueves en el tribunal de instancia de Waldshut-Tiengen (sudoeste). Rohrer está dispuesta a apelar la sentencia si hiciera falta.