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Letras de cambio

Actualizado el 05 de enero de 2013 a las 12:00 am

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Ya pasaron los días de fiesta. Para algunos fueron días de vacaciones, para otros fueron días de más trabajo. Lo cierto es que son días diferentes. Son días que usualmente aprovechamos para reflexionar en lo sucedido en el año anterior y para hacer planes para el que empieza. Eso incluye las promesas de nuevas actitudes y renovados bríos para lograr las metas que cada año nos proponemos.

Un pensamiento que se me vino a la mente en estos días de reflexión fue lo fácil que es a veces echar abajo lo que ha costado tanto construir. En diciembre decoramos nuestras casas con el arbolito, las guirnaldas, el pasito y otros adornos navideños. El proceso es lento. Lleva cierta planificación y diseño: que si este año lo pongo en esta esquina o en la otra. Lleva además un proceso de mejora: que si le agrego algún otro adornito por acá u otro por allá. Pero, unas semanas después, viene el proceso a la inversa. Esa tarea es mucho más fácil. No lleva gran preparación, y en unas pocas horas “destruimos” lo que nos costó varios días construir.

Haciendo la analogía, pienso en lo mucho que cuesta construir una reputación, y lo fácil que esta puede ser destruida. Para ganarse un buen nombre, se requieren años. Lleva planificación y demanda mucha ejecución a través del tiempo. Requiere de un proceso de mejora continua. Pero, por un mal paso o un error, se puede venir todo abajo en segundos.

Por otro lado, hay otras cosas que son relativamente fáciles de construir o crear, pero muy difíciles de reversar. Pienso en los kilitos de más que muchos acumulamos alrededor de la cintura en la época de fiestas. La pierna de cerdo, los tamales, los postres y mucho más. Cómo cuesta después quitar esos kilos de encima. Igual pasa con los gastos adicionales del mes de diciembre. En enero hay que correr a pagar la tarjeta, o incluso a empeñar algún objeto de valor para poder comer en enero, como decía una noticia de hace unos días en este periódico.

En eso, los Gobiernos se parecen mucho a las personas. Usualmente, el Gobierno gasta más de lo que ingresa (se engorda). La primera medida que toma es empeñar algo para tener más tiempo para pagar (ni pensar en hacer ejercicios). Luego empieza la búsqueda de más ingresos (para seguir engordando). Hasta que el problema se hace demasiado grande es que se piensa en recortar los gastos superfluos (dejando de comer lo que engorda) y en buscar mayor eficiencia (hacer ejercicios en forma constante). Cuesta mucho entender que solo así se puede balancear un presupuesto de manera permanente (bajar los kilos de más).

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Por eso se dice que la cuesta de enero es dura. Para muchos es tan dura que permanece hasta el otro diciembre.

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Luis Mesalles

Obtuvo su doctorado y maestría de Economía en The Ohio State University y su bachillerato en Economía en la Universidad de Costa Rica. Actualmente, es socio-consultor de Ecoanálisis y gerente de La Yema Dorada.

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