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Obesidad, diabetes e hipertensión presentes entre adolescentes

Más menores costarricenses caen enfermos por comida chatarra y poco ejercicio

Actualizado el 03 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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Enfermedades típicas de adultos acechan, cada vez más, a los jóvenes costarricenses. La prevención se puede realizar con dos acciones fundamentales: el ejercicio y una alimentación con menos frituras y muchas frutas y verduras. | LUIS NAVARRO

La pila de expedientes de jóvenes enfermos formaba una montaña sobre la mesa.

Los especialistas que se encontraban en la sala de reuniones de la Clínica del Adolescente, en el Hospital Nacional de Niños, tomaron de primero el caso que más les preocupaba.

Era el de una muchacha que, a sus 13 años, debe tomar dos pastillas diarias para controlar la presión alta y un fármaco adicional para tratar la depresión; enfermedades propias de alguien varias décadas mayor que ella.

Un médico, una enfermera, un psicólogo, una trabajadora social y una nutricionista detectaron en esta joven lo que ya han visto en otro de su edads: su hipertensión no se debe a una causa congénita (de nacimiento) o hereditaria.

Los responsables de sus más de 16 kilos de sobrepeso y de todas sus consecuencias son sus malos hábitos de alimentación y la falta de actividad física.

Por desgracia, su caso no es el único ni el más grave.

“Hemos visto chiquillos de 13 años con una segunda pancreatitis (inflamación del páncreas, mal propio de mayores de 60 años) y la primera la desarrollaron a los 11 años”, comentó Xiomara Jiménez, enfermera de la Clínica.

“Hace 15 años, veíamos uno o dos casos por año; ahora hay todas las semanas”, aseveró Alberto Morales, director de la Clínica.

Entre 2004 y 2013, ese centro atendió 260 pacientes con dislipidemias (niveles altos de colesterol o triglicéridos), 42 con hiperinsulinismo (aumento de insulina en la sangre), 64 con diabetes tipo 2 y 137 con síndrome metabólico.

Son 503 jóvenes cuyos males se hubieran prevenido con ejercicio y una dieta rica en frutas, verduras y proteínas, y baja en frituras.

A esas cifras se suman 167 jóvenes con sobrepeso y 707 obesos.

“Hay un subregistro de datos, pueden ser muchos más”, acotó Rocío Chaves, trabajadora social.

Para Adriana García, nutricionista de este equipo, la situación es crítica: “A mí ya no me llega gente con sobrepeso, me llegan obesos, y casi todos tienen otra enfermedad además del peso”.

¿A qué se debe? Morales enumera tres causas del fenómeno: el tico, en general, cambió su dieta y come cada vez menos nutrientes y más comidas que afectan su salud; los horarios en los colegios no motivan los cinco tiempos de comida y, no hay espacios para hacer ejercicio.

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A esto se le une el desinterés de algunas familias.

“A principios de año, reclutamos a 12 jóvenes con obesidad mórbida y síndrome metabólico. Queríamos educarlos a ellos y a sus padres para alimentarse bien, hacer ejercicio y hacerles ver la importancia de cuidarse y seguir las recomendaciones”, explicó Morales.

”A la primera sesión llegaron tres adolescentes; a la segunda, dos; la tercera sesión no se hizo porque nadie llegó”, añadió.

Walter Ramírez, psicólogo clínico del centro, agregó: “En la familia es donde está gran parte de la prevención y de la cura de todo esto”.

En la niñez. El problema de estos jóvenes no se gesta en la adolescencia, cada una de estas enfermedades toma años para desarrollarse.

Evidencia de esta situación la ofrece un estudio de la Escuela de Nutrición de la Universidad de Costa Rica (UCR) con alumnos de primer ciclo de la Escuela Fernando Terán en La Unión, Cartago.

La investigación halló patologías de adultos en niños. Por ejemplo, el 15% de los estudiantes de primer grado, el 22% de los de segundo y el 17% de los alumnos de tercero tenían niveles altos de colesterol.

También aparecieron triglicéridos altos en el 33% de los menores de primer grado, el 46% de los de segundo y el 39% de los de tercero.

“Ellos ya muestran problemas serios que pueden agravarse en el futuro”, advirtió Xinia Fernández, coordinadora del estudio.

Las consecuencias más serias de estos estilos de vida, como infartos, derrames cerebrales o muertes prematuras, comienzan a verse en adultos cada vez más jóvenes.

Aunque aún no hay datos estadísticos oficiales, los médicos aseguran que cada vez es más común ver a personas de 40 años e incluso de 30 años con un primer infarto.

“Es gente con sobrepeso, que come mal, no hace ejercicio y fuma, eso suma para un infarto a edad temprana”, afirmó en una entrevista anterior la médico internista Cecilia Monge.

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Irene Rodríguez S.

irodriguez@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección Aldea Global. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre salud, periodismo médico y educación. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit.

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