Por: Fernando Chaves Espinach 29 febrero, 2016

Una vez superados los primeros prejuicios, ingresar a una tienda de juguetes para adultos puede resultar algo aburrido. Si bien se ofrece amplio menú de objetos para disfrutar al máximo en el dormitorio, su diseño, con frecuencia, aburre y no augura cumplir con el placer prometido.

Ti Chang, la diseñadora industrial estadounidense invitada al Festival Internacional de Diseño, quiere cambiar eso. “Después de trabajar en muchos productos diferentes, como cepillos y bicicletas, me sentía muy vacía. Quería hacer algo que contribuyera social y culturalmente”, dijo recientemente por teléfono.

Cuando se presente, mostrará adónde lleva esa idea: un producto del que se siente orgullosa es el collar Vesper , joya sofisticada que funciona como vibrador, “diseñado para bellas experiencias en público y en privado”.

“Recuerdo entrar a una tienda de juguetes sexuales a los 26 y sentirme escandalizada por lo poco tocada por el diseño que parecía esta área”, comenta.

¿Por qué?

El diseño predominantemente considera “novedades” a los juguetes para adultos porque hay muchos tabúes y estigmas en torno a estos productos. No atrae a muchos diseñadores ni ingeniero que se los tomen en serio. Es solo en los últimos 10 años que diseñadores entrenados han empezado a ver este campo y cambiar lo que los juguetes sexuales pueden ser. Hasta ahora, no han sido muy sofisticados, mal hechos y con materiales de baja calidad.

¿Existen aún esos prejuicios o ideas equivocadas?

Definitivamente. Hay menos en las generaciones más jóvenes y persiste en las mayores. Sin embargo, ese sentimiento está cambiando. En los últimos cinco o seis años, ha habido un gran cambio cultural en términos de cómo nos sentimos con la sexualidad, desde los derechos LGBT hasta todo lo demás. Puedes ver a medios mainstream cubriendo temas de vibradores, nuestros productos aparecen en revistas de moda... Eso no pasaba antes.

¿Por qué ese tabú representa un problema para el diseño?

El diseño es un sistema de personas con formación en ingeniería, estética, fabricación, todas juntas dándole vida a esto. Cuando tienes a una industria que no atrae a diseñadores mainstream , muchos tratan a estos juguetes como inventores, no como diseñadores. La estética de los objetos y su funcionalidad son muy distinto si tienes a diseñadores entrenados. Son más básicos, y no tienen tanta sofisticación, no solo en cómo lucen, sino en la interacción y cosas más profundas: cómo hacen sentir a la gente.

”Por ejemplo, abundan las imitaciones anatómicamente correctas de penes. Pueden alcanzarse efectos similares de diferentes maneras. Un producto con una forma no idéntica (a diferencia de los que imitan hasta las venas del órgano y demás) puede hacer que las personas se sientan diferente y desvanecer la vergüenza.

¿Trabajan muchas mujeres en la industria de los juguetes sexuales?

Hay muchas en la industria; trabajan apoyando las áreas de mercadeo y ventas, pero no mucho en diseño. Así que no, no hay muchas. Eso también es naciente, apenas ha empezado en los últimos diez años. Antes había uno o dos productos “diseñados”, pero ahora las mujeres están diciendo: ‘Ya es suficiente. No queremos esta basura. Queremos productos realmente bien pensados’. La industria está buscando a esas diseñadores, pero tradicionalmente, no las han tenido.

¿Eso es un problema para las consumidoras?

Sí, claro. Los consumidores de juguetes para adultos son gente común y corriente como tú y como yo, y los mejores productos son los que tienen a hombres y a mujeres poniendo ideas sobre la mesa. Cuando hablas de un tema como sexo, requieres de más de un sexo para diseñar un productos. Debes tener a ambos sexos dialogando, teniendo un debate para pensar en mejores productos, no solo a hombres.

¿Qué hace ‘bueno’ a un juguete sexual?

Cuando estoy diseñado vibradores, hay ciertas vibraciones que algunas mujeres aman, pero que otras odian. No tengo respuesta, porque lo que funciona para mí podría no funcionar para todo el mundo. En un nivel básico, cuando mires nuestros productos, claro que deberían funcionar, pero nuestra sociedad se ha desarrollado lo suficiente como para identificar también malos materiales y mal diseño.